Hola, Gracias por visitarme. Queria comentarles que gracias a las estadisticas que manejo sobre las visitas al blog, me he dado cuenta de que la entrada menos vista es la que publique el dia 18 de febrero, la cual es el inicio de la historia que estoy narrando. Por ello recomiendo leer desde el principio para poder seguir el hilo narrativo y sacar mayor provecho del cuento. Ahora procederé a publicar la entrada correspondiente al dia de hoy.

Mensajes de la Abuela – Capitulo V

Un mes después del funeral y el entierro de mi abuela, no sucedió nada extraño, aparte del incidente de la fiesta que Angélica y Vanessa organizaron. Aprovechando que quedó un cuarto disponible en la casa se lo alquilé a una prima de Vanessa llamada Juliana, de unos 25 o 26 años de edad que cursaba una licenciatura en antropología y se la pasaba todo el día sumergida en sus libros. Una persona muy amable, reservada e inteligente pero poco atractiva. Una vez Juliana llevó a la casa una amiga de la universidad llamada María José que estaba empezando la carrera de ingeniería industrial. Nos presentó y creo que yo le cause la misma admiración que ella me causó a mí. No deje pasar la oportunidad y ahí mismo aplique la regla de los tres segundos, la cual me había sido trasmitida por mi amigo Ricardo, quien era para mí como una especie de gurú en las artes seductivas. La regla de los tres segundos consiste en que, cuando uno siente atracción por una mujer, literalmente tenemos tres segundos para actuar. Amigos míos, tenemos que ir por lo que queremos. No podemos darnos el lujo de andarnos por las ramas. Así lo explicaba Ricardo y cuando Ricardo habla sobre mujeres es como cuando el padre habla en la iglesia, uno nada más se calla y escucha. Así de sencillo. Este tipo es una verdadera máquina, sus proezas son memorables como las de Leónidas y los 300. Sus logros con las mujeres son tema para análisis en varios tomos.

El poner en práctica este conocimiento, tuvo buenos resultados: sin rodeos María José me dio su número y quedamos de vernos otro día porque ella tenía que ir a clases. Recuerdo que esto sucedió un viernes por la tarde. El martes siguiente la llamé (según el consejo de Ricardo, que me instruyó durante todo el proceso) y la invité a ir a un bar cercano (recomendado por Ricardo), que no era ni muy formal ni demasiado sencillo, tenía buena vibra. –Claro que si– me respondió, – ¿qué te parece el sábado en la noche, como a las 8? yo conversaba con ella utilizando el altavoz. Ricardo estaba cerca haciendo gestos con las manos y con la boca para “orientarme” según él. Cuando María José propuso que nos viéramos el sábado, inmediatamente Ricardo me hizo el gesto de que le dijera que el sábado no podía verla, solamente moviendo la boca y agitando las manos me decía ¡nooooooo!, yo estaba confundido ¿porque no? En eso agarró un papel de mi escritorio y escribió con su horrible letra y pésima ortografía enredando mayúsculas y minúsculas: hoY o mAñAnA Es!!! En eso capté que Ricardo se refería a otro de sus principios: el de la escasez. –mmm, el sábado, que lástima ya tengo algo preparado para el sábado– le contesté a María José. Ante esta respuesta mía, Ricardo levantó las manos con alegría y una sonrisa enorme se dibujó en su cara como celebrando un gol.

– yo solo podría salir hoy o mañana– le dije. Ricardo levantó los pulgares en señal de aprobación.

–Ahhh ya, me dijo ella, mmm… ¿qué te parece si nos vemos mañana?,

– Si… mañana está bien, ¿paso a las 8? –

– A las 8 perfecto. Nos vemos chaito…

– Nos vemos. –

Cuando colgué la llamada Ricardo estaba más feliz y emocionado de lo que yo mismo estaba: ¡llenas de orgullo a tu maestro!, ¡usted nada mas hace lo que yo le digo y ya la tiene, se lo garantizo! Me dijo con gran confianza. Le pregunté porque no era conveniente salir con María José el sábado y me detalló los siguientes motivos:

  • Si esperamos hasta el sábado, hay más posibilidades de que algo suceda y ella no pueda presentarse a la cita, e incluso cabe la posibilidad de que se arrepienta y ya no quiera ir.
  • Aunque yo no tenga nada especial que hacer el fin de semana, es importante hacerle creer a ella que sí, para que piense (al menos en su subconsciente) que soy alguien ocupado y que tengo una vida activa e intensa.
  • El sábado es el día en que va más gente al bar, y la bebida y las bocas son más caras. Así que el miércoles al haber una menor cantidad de personas, habrá menos ruido y será más fácil hablar con ella, nos atenderán más rápido, y será más barato que el sábado.
  • Habían otros dos motivos pero ya se me olvidaron.

Al analizarlo, me doy cuenta que Ricardo sabe lo que hace.

Ese miércoles, Ricardo llego a la casa un par de horas antes de mi cita. Trajo consigo una vestimenta que solía utilizar cuando conocía mujeres especiales. Por ello el conjunto ya se veía algo gastado. ¡Esta camisa tiene algo, no sé, tiene mi esencia, úsela hoy Ale!, dijo mi amigo con confianza. Por un momento me entró algo de ira, sentí que Ricardo estaba tratándome como un bebé o como un sin gracia incapaz de combinar su ropa, pero recordé que desde la muerte de la abuela, Ricardo estaba algo distinto, lo notaba más atento, más solidario, se esforzaba por ser mejor amigo. El ayudarme a seducir a María José, era su forma de solidarizarse con mi situación, algunas veces escuche de otras personas (sobre todo mujeres) que Ricardo nunca hablaba de sus emociones, y es verdad porque esas cosas le costaban. Cuando sus emociones son reales, él las muestra mediante actos, no busca ser adulador. Pero solamente cuando son reales. Observé y me probé detenidamente la ropa que Ricardo trajo, como tenemos un físico parecido, me quedo bastante bien, así que la acepté. Terminé de alistarme y fui a la cita.

Al salir de la casa le envié un mensaje de texto a María José indicándole que ya casi pasaría a recogerla en un taxi. Cuando llegue a su casa, duró unos minutos para salir. Al verla me puse un poco nervioso… la saludé con un beso en la mejilla, y empezamos a conversar. En aquel entonces, cuando hablaba con ella sentía que no era necesario pensar demasiado las cosas y que entre los dos la conversación se daba de forma muy natural. Sentado a su lado recordé las lecciones de lenguaje corporal que Ricardo me había dado ya tantas veces y analicé los gestos de maría José, noté como jugaba con su lacio y bello pelo café oscuro y que sus piernas apuntaban hacia mí, me pareció ver sus pupilas dilatadas y definitivamente yo era el dueño de su concentración. Cuando analicé estas cosas me relaje y pensé: ¡Vamos bien!, pero inmediatamente percibí que estábamos dentro de un taxi…y mi único competidor era el chofer… bueno, a fin de cuentas si acepto salir conmigo y se arregló de esa forma, por algo será.

Llegados al bar note la buena vibra que Ricardo dijo, no había mucha gente y se escuchaba música electrónica a un volumen moderado. Escogí una mesa un poco escondida. Yo pedí una cerveza y ella una sangría. Seguíamos hablando y seguíamos bebiendo. Cuando teníamos como una hora de haber llegado, la conversación se empezó a dificultar. ¿Te gusta la música electrónica? Me preguntó. – ¡Por supuesto! –, le respondí. E inesperadamente me tomo de la mano y me llevó a bailar. Con pocas inhibiciones empezamos a “bailar”, al ritmo del trance. El baile poco a poco empezó a calentar y ni había terminado la primera pieza cuando ya estábamos prendidos y nos olvidamos de todo y de todos mientras rozábamos afanosamente nuestros cuerpos uno contra el otro y al darme cuenta estábamos besándonos. Al rato nos sentamos y luego volvimos a bailar. Estuvimos en ese ciclo varias veces.

Esa noche llegue a la casa como a la 1:00 am. Angélica estaba dormida en el sillón de la sala, como esperándome. Revise mi celular y habían dieciséis llamadas perdidas de ella, nueve de Vanessa y dos de Ricardo. Dormí las pocas horas que pude y me fui para el trabajo. Mi hermana entraba tarde al colegio los jueves, así que seguía dormida cuando yo salí de la casa. Pero Vanessa entraba a las 7. Y en la parada de bus donde todos los días las mismas personas a la misma hora esperan el mismo o los mismos buses, me topé con ella. Al verla la saludé como de costumbre: – hola vane, ¿cómo estás? – ella se me quedo viendo con cara de enojo y dijo secamente:

– No me hable,… idiota–

¿Será que está enojada porque anoche no le contesté las llamadas?, no es para tanto… Pensé. Cuando iba a preguntarle que le pasaba, ella agarró su bolso y se alejó unos metros de mí. Quedé sorprendido por esa actitud de Vanessa, yo creía no haberle dado motivos para tratarme así. No le di más cabeza al asunto y continúe con mi día normalmente.

Durante los días siguientes mi relación con María José se fortalecía cada vez más. Nos llamábamos y enviábamos mensajes constantemente. En ese entonces ella aún no me sofocaba. Salíamos al bar que Ricardo me recomendó o a alguna discoteca. Ella se llevaba muy bien con Angélica, mientras que con Vanessa casi no se hablaba, es más caí en cuenta que desde el incidente en la parada de buses, Vanessa no había ido a la casa ni siquiera a buscar a Angélica. También note que aún me esquivaba y seguía enojada conmigo. Me costó un poco pero comprendí que se sentía celosa de María José.

Al principio Angélica se solidarizó con su amiga y tampoco le hablaba a María José, pero un día ella le hizo una trenza en el pelo y desde ese entonces empezaron a llevarse mejor. Una noche le pregunté a Angélica porque Vanessa estaba enojada conmigo. Angélica me vio con una expresión como pensando: ¡Que imbécil! Y me contestó: – Alejandro, ¡usted anda como en otro planeta!… Decidí mejor no preguntar más. Yo no tenía la culpa de lo que pasaba, me sentía mal de ver a Vanessa enojada conmigo pero tampoco quería dejar pasar la oportunidad de tener algo con María José.

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6 comentarios sobre “Mensajes de la Abuela – Capitulo V

  1. Hola! te aconsejo poner un link a las partes anteriores de la historia en cada capi, muchas veces la gente se pierde cuando las historias van narradas por partes, o también puede pasar q tengas lectores q llegaron desde google x ejemplo, y aterrizaron en la parte 3 y no leyeron las otras…

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