VI

Fue aquí cuando comenzaron a suceder hechos extraños. Generalmente lo primero que hago en las mañanas es apagar la alarma del celular que uso para despertar. Por eso, también me doy cuenta si recibí mensajes en la noche o madrugada después de quedarme dormido. Un día cuando ya tenía casi dos meses de estar saliendo con María José, al ser las cinco y treinta de la mañana, la alarma del celular se activó como de costumbre. Era hora de levantarme. Tome el celular, desactive la alarma y vi dos mensajes de texto que llegaron durante la noche. No les di mayor importancia y me fui a bañar. Luego me vestí, desayune, y me fui. Cuando iba sentado en el autobús recordé los mensajes sin leer. Saqué el teléfono y los busque en la bandeja de entrada. Recuerdo la extraña sensación que tuve cuando leí el nombre de quien los enviaba: decía claramente Abuela. El contacto que me había enviado ese mensaje era la ABUELA…PERO ESO ERA IMPOSIBLE, ¿mi abuela me estaba enviando mensajes desde el más allá?… quité la mirada del teléfono y volví a leer: Abuela. Muy claramente eso decía en la pantalla del teléfono. ¿Qué está pasando aquí?, abrí el primer mensaje y decía esto:

“Querido Ale, te sigo a todas partes siempre estoy contigo, siempre te he amado”celular

Se me erizó la piel. ¿Qué clase de broma macabra es esta?, ¿pero cómo es posible que esto esté sucediendo?… ¿Qué es esto?…el celular que tenía la línea con el número de teléfono que me enviaba estos mensajes era el que enterré con la abuela… imaginé a mi abuela metida en el ataúd a tres metros bajo tierra escribiéndome un mensaje…me pareció espeluznante y sucio. Además no existe celular en el mundo cuya batería dure varios meses, aun estando sin uso. Otra vez pensé: ¿Qué es esto?… luego leí el segundo mensaje:

“Cásate con una mujer que en verdad te amé… ”

Yo no sabía si llorar o reírme. ¿Casarme?… Cuando me di cuenta el bus ya había llegado a mi destino y debía bajar.

Ese día estuve distraído en el trabajo, me la pase pensando que rayos estaba pasando. En la hora del almuerzo; con un poco más de calma llegué a la conclusión de que el que estaba detrás de esos mensajes era el famoso Pedro. Si, el sujeto que me ayudó a meter el celular de la abuela en su ataúd, ahora estaba de alguna forma burlándose de mí. Talvez quería vengarse porque nunca cumplí mi promesa de ir a su casa para ver una película y quien sabe que más. Y menos lo haría ahora que andaba con María José. Al salir del trabajo, llamé a María José y le dije que lo sentía pero no iba a pasar por ella a la universidad para luego ir a su casa o a tomar algo como acostumbrábamos, porque tenía un asunto importante que resolver. Cuando ella me cuestiono que asunto, me vi en un embrollo; no sabía si mentir o decirle la verdad, lo cual no era el problema en sí, sino que yo quería contarle la historia en persona. Solamente le dije que no se preocupara, que mañana le diría donde tuve que ir. Como es de esperarse a ella no le gustó mi actitud de secretismo y me colgó con algo de desconfianza y rabia. Inmediatamente me fui disparado a buscar a Pedro. La funeraria no estaba muy lejos de mi trabajo. Cuando llegué una secretaria me dijo que ya se había ido y que hasta mañana podría hablar con él. No me quedó más remedio que ir a su casa. ¡Qué pereza!, recuerdo bien el desánimo que sentí de tener que hacer esa visita. Pedro vive en uno de esos barrios capitalinos que son un poco más finos, sus vecinos son médicos, abogados, empresarios, gerentes bancarios y algunos famosillos de la política nacional. Al caer la tarde, el tráfico se vuelve bastante pesado, el taxi que tome duró bastante para llegar.

La funeraria de Pedro es bastante conocida y fue fundada por su bisabuelo o algo así; parece que el negocio prosperó. Pedro siempre andaba con ropa fina y tenía su vehículo del año, así como la fama de andar recogiendo todo lo que le aparecía por la calle. El día que le pedí el favor de enterrar a la abuela con su celular, no perdió oportunidad para decirme donde vivía e intercambiar nuestros teléfonos. De repente caí en cuenta de que yo tenía su número, debí llamarlo primero para saber si estaría en su casa; pero por la premura y las ganas de esclarecer el misterio de los mensajes, se me olvidó que lo tenía. Entonces al llegar, lo llame a su teléfono desde el portón de su casa:

– Holaaaaa Ale, ¿cómo has estado? , me respondió inmediatamente.

– Hola pedro, pura vida. Yo aquí bien ¿y usted?

– ¡Que dicha! me alegro, yo aquí pura vida, vieras que curioso, estamos como conectados, ayer estuve pensando que se habrá hecho el Alejandro, el que enterró a la abuela con el teléfono…hay hombre es que eres un loquillo…

– Jaja (risa fingida) ¿de verdad Pedro?, vieras que de eso quería hablarle y si fuera posible hoy mismo y en su casa. ¿Recuerda, que quedamos en que yo iría a visitarlo?

–Mmmm…sí, es cierto, ¿entonces eres hombre de palabra?, bueno porque no vienes hoy mismo… vengase en un taxi y yo pago, yo estoy aquí en la casa y no me gusta estar solo…

– (respire profundo) lo que pasa es que…yo… yo ya estoy aquí frente a su casa; estoy en el portón de enfrente.

– ¡Pero como así, loquillo!, ¡que está haciendo ahí; bajo el aguacero! (en realidad solo estaba cayendo una llovizna muy ligera), espéreme ya le voy a abrir… ¡huy pero este chico solo sorpresas!…Aquí Pedro colgó el teléfono.

Pasados unos tres minutos salió Pedro de la casa con un grueso abrigo y una bufanda, como si estuviéramos en Toronto o en Chicago. Me abrió el portón y solamente mediante mi fuerza de voluntad entré. Una vez dentro de la casa me invitó a ponerme cómodo y sin preguntarme nada me trajo una cerveza. Nos sentamos frente a frente y me consultó cuanto tiempo tenia de estar en el portón y porque no le había avisado que lo iba a visitar, lo que yo respondí sin problemas, luego me pregunto porque me había “perdido” estos meses, que él pensó que ya no lo llamaría. Yo le comenté que he estado teniendo problemas con las notas de mi hermana y con su rebeldía, y que ahora estaba saliendo con alguien y eso estaba consumiendo todo mi tiempo. Ante mis respuestas, Pedro mostro mucha atención e interés, por tal motivo y por su lenguaje corporal, empecé a notar que sus intenciones eran honestas, que quería ser mi amigo. Y por eso admitiré que juzgué mal a Pedro. Son muchos los rumores y chismes que andan por las calles. Hay gente que habla sin saber, o solo lo hacen por envidia, se inventan cuentos e historias de alguien solamente porque tiene una curiosa forma de hablar y de caminar, o porque “parece que patea con las dos piernas”. Yo cometí el error de creer algunos de estos chismes que se contaban sobre Pedro. No vale la pena reproducirlos.

Estando allí en la sala de esa casa, pude conversar con un hombre que estaba necesitado de alguien a quien confiarse, que estaba necesitado de alguien que lo conociera realmente, sin juzgarlo por sus ademanes. En una repisa, cerca del televisor de plasma, vi unas fotografías de una niña como de once o doce años subida en su bicicleta. Me llamó la atención la enorme cantidad de fotos de la misma niña. Cuando analicé bien ese esquinero me di cuenta de que más bien era una especie de altar. En un momento en que la conversación cayó en un silencio, no puede evitar preguntar:

– ¿Quién es ella?,

– Es mi ángel. Me contestó. Esperó unos instantes y continúo: ella es mi hermana mayor, falleció en un accidente cuando tenía 13 años, y yo tenía 9. Cruzó una calle mientras el semáforo estaba en rojo y un conductor ebrio decidió que no era necesario detenerse.

Estoy seguro de que entre todos los que me contaron chismes sobre Pedro, ninguno conocía este capítulo de su vida. Vi el rostro de Pedro y sus ojos empezaban a llorar. Me compadecí de él, porque comprendí su perdida. En ese instante supe por qué Pedro se había compadecido de mí, el día en que le pedí el favor de enterrar a mi abuela con su teléfono. Esa fue una gran lección que la vida me dio. De repente sentí que debía decirle:

– Gracias mi amigo, gracias Pedro por compadecerse de mí, cuando lo necesité.

– Tranquilo, no hay de que, me alegra que seamos amigos…

Anuncios

4 comentarios sobre “Mensajes de la Abuela – Capitulo VI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s