A las seis y cuarenta y ocho de la mañana voy camino a mi trabajo, me bajo del colmado bus cabreado por la estrechez y el exceso de perfume de los presentes que satura mi olfato. Aunque me levanté a las cinco y veintiséis no tuve tiempo para desayunar, así que solo quería pasar por la panadería y comprar algo para comer en el trabajo. Aceleré el paso, esquive gordas que monopolizan la acera, a niños sin consciencia de su ubicación espacio-temporal, a ancianos para los cuales el tiempo parece haberse detenido, a perros callejeros sucios, a vagabundos que duermen libres de la esclavitud de las apariencias, y a algunas bolsas de basura abiertas y cuyo contenido se ha dispersado por las calles.

Voy pensando en las tres o cuatro cosas que tengo pendientes para hacer ese día. El hambre revuelta con el sueño representa una mezcla difícil de vencer. El semáforo se interpone a mi camino, está en rojo, metí la cuarta velocidad y corro a toda velocidad; pero fue en vano. Justamente al llegar al cruce, la luz cambia al verde y un camión recolector de basura acelera regalando a los transeúntes un destacado aroma a basura mañanera, a la vez que una nube de humo negro, como la de un cónclave en el vaticano nos traga y nos penetra hasta los bronquios. Cuando por fin el semáforo nos concede el paso, me costó volver a caminar, los aromas fuertes, sean agradables o no me chocan muchísimo. Puedo soportar el ruido, pero no puedo soportar los aromas exagerados.

La panadería está a mi vista, surge como un oasis en medio del desierto… tomo la derecha de la acera y como en partido de fútbol, driblo y me muevo una y otra vez para deshacerme de la gente que obstaculiza mi camino. Llegué, entré, abrí un mostrador y me serví una dona de azúcar y otra de chocolate, un arrollado de pollo y un té frió de melocotón en botella de plástico, presentación de 700 ml. Todo para llevar. La dependienta me pregunta:

— ¿para llevar o para comer aquí?

—Para llevar, para llevar— le dije groseramente.

Veo el reloj, ¡que mierda ya son las siete!, ¿tan rápido?

Si llego unos minutos tarde, nada malo sucederá. Inclusive podría faltar que aún con buena excusa puedo salirme con la mía, pero esta sensación de querer siempre cumplir, no me deja llegar tarde. Me dan el vuelto y lo echo de golpe en la bolsa de mi pantalón de mezclilla desteñido y roto pero que me gusta tanto usar. Camino a todo galope para salir del local, en una mesa están comiendo dos muchachas a las que no puse mucha atención cuando entré, pero una de ellas está más buena que la otra. Al pasar junto la mesa de las muchachas mi bolso golpea a una de ellas y su café cae al hijueputa suelo… ¡tierra trágame y escúpeme en Tailandia!

La chiquiTICA (la del café) me observa con una mezcla de indignación y sorpresa. Yo me puse de todos los colores y me convertí en el centro de atención del planeta Tierra.

— Muchacha, discúlpeme, que vergüenza, voy tarde al trabajo…

— Tranquilo, al menos no me ensucie la blusa…

Calculé mentalmente cuanto podía valer aquel café y le di un rojo (mil colones).

— Perdón, tengo que irme, discúlpeme otra vez…

Y como una gallina perseguida por un zorro, me fui de la escena.

Llegué al trabajo, hice unas cuantas cosas y cuando tuve chance, fui a desayunar, debí esforzarme porque de tanta adrenalina se me había quitado el hambre.  Durante toda la mañana, a ratos más y a ratos menos estuve pensando en mi torpeza y en ese mal carácter que a veces se apodera de mí. Al medio día, durante el almuerzo, con algo más de calma pensé no solo en el incidente del café, pensé en la chiquiTICA, la muchacha estaba como un abastecedor de pueblo, pequeñita pero bien surtida. Como de metro sesenta, pero una cara linda y buenos pechos.

El trasero no se lo pude ver bien por las carreras, pero este tipo de mujeres generalmente tienen buen culo. Y esa ropa de ejecutiva bancaria me hizo imaginar cómo sería encerrarme con ella en un cajero automático y hacer depósitos y retiros, depósitos y retiros, depósitos y retiros… Así transcurrió el día sin ningún otro sobresalto mayor. Por la noche, antes de dormir pensé en que pasaría si me la topaba al día siguiente… me imaginé que ella me decía:

—hola, ¿quieres ir al cajero automático?…

Al día siguiente desperté en el momento en que mejor dormía, como siempre, e igualmente no tuve tiempo para desayunar. En el autobús, recordé que tenía una cita con la chiquiITICA, o bueno, esperaba verla…pero al pasar frente a la panadería no estaba allí, disimuladamente, investigué los alrededores y nada… al medio día bajé a la panadería y nada… que estupidez la mía, ¿acaso ella vive o trabaja en la panadería como para esperar que este siempre allí?… Y así han transcurrido los días, yo camino siempre por la misma ruta esperando verla por lo menos, y comprobar que el destino existe y que nuestro encuentro no fue casual. Pero pasaron dos meses; mi esperanza no perduró y hasta la olvidé.

Y como cuando uno encuentra algo que buscó hace tiempo y no pudo encontrar, estaba yo en el parque luego del trabajo conversando con un amigo, y sin percatarme la chiquiTICA llegó caída del cielo y me preguntó:

— muchacho, ¿usted fue el que golpeó mi mesa y boto mi café, aquel día verdad?

Yo no contaba con semejante aparición y con algo de dificultad le dije:

— sí, fui yo. ¿Por qué la pregunta?…

— Bueno…no sé si deba…no es tan grave…

Ante tal respuesta dubitativa, por mi mente pasaron todos aquellos sueños y recuerdos acerca del encierro en el cajero automático y la invitación que ella me haría para tal efecto. De repente vi esos depósitos tan cercanos…Mi expectativa era máxima. Continúe así:

— Tranquila, dime, con confianza… (Al menos quiere mi número, pensé)

— Ese día, tú me diste mil colones. Pero, yo estaba tomando un capuchino y me costó dos mil colones… aunque no pasa nada, dejémoslo así. Adiós.

Y la chiquiTICA y su lindo trasero (que analicé cuando se iba) se perdieron en la inmensidad del cosmos para siempre. No la he vuelto a ver y todavía no sé para que me dijo que su putísimo café valía más de lo que yo le pagué, solamente para irse casi corriendo… que se joda.

Pero…pensándolo bien si nos volvemos a ver le compraré otro capuchino.

capuchino

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2 comentarios sobre “Una chiquita muy chiquiTICA ( a mí esto no me sucedió)

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