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       Era la primera vez visitaba el siglo XXIII. Aquella noche, en alguna ciudad costera, presumiblemente en Sudamérica, durante uno de mis viajes de prueba caminaba con sigilo por la calle. Una baranda de hierro marcaba el límite entre la carretera y la playa. Extrañamente aún no visualizaba gente ni animales. El sonido de las olas del mar a la distancia me trajo recuerdos de mi época; era como si no hubiera hecho el viaje a otra línea espacio-temporal. Cruzando la calle una serie de enormes y dinámicos edificios adornaban el paisaje. No sabría explicar si tales edificios eran residencias o comercios. Tampoco visualicé nada parecido a vehículos terrestres u aéreos.

            Empezaba a creer que algún error había cometido en la programación de la fecha y línea a visitar, cuando de repente un sonido muy propio de mi juventud me sorprendió: A unos veinte metros a mi derecha, ya muy cerca del mar y bajando un acantilado, escuché algo de música del siglo XX. La música provenía de una pequeña construcción ubicada en el fondo del acantilado a la cual se llegaba bajando por unas viejas escaleritas de concreto. Por mi ubicación a mayor altura, me era imposible divisar quien o quienes estaban escuchando la música. Me sentí aliviado cuando note señales de vida, ya que tenía casi media hora de haber llegado y todo parecía desierto.

            Sin pensarlo demasiado, bajé por las escaleritas hasta la playa. Al llegar al final, observé con cuidado la construcción de dónde provenía el sonido. Bastante sencilla, era como un rancho con un techo de láminas de zinc como las que usamos en nuestra época, sostenido por cuatro troncos de madera gruesa, y un piso de pavimento. Un par de grandes parlantes reproducían aquella melodía pegajosa más que conocida para mí:

“Get up, get up, get busy do it

Get up and move that body

Get up people now get down to it before the night is over

Get up, get up, get busy do it

I wanna see you party

Get up people now get down to it before the night is over…”

            Me habian advertido de que podría encontrarme con toda clase de situaciones e individuos en aquel mundo futuro. Y si bien es cierto, me creí preparado para afrontar lo que hiciera falta, nunca imaginé lo que mis ojos ahora captaban. Con la espalda recostada sobre uno de los postes de la construcción, y en una pose fotogénica y sensual, vi a una hermosa joven que a simple vista no debía pasar de los 25 años. Como de 1,70 m de estatura y piel blanquecina (pero no demasiado) llevaba un short corto de mezclilla que dejaba ver sus largas y firmes piernas y vestía una blusa que no ocultaba su ombligo ni el volumen de sus senos. Esta blusa era de un tono rosa oscuro con pequeñas manchas negras, como la piel de un tigre. Este tono hacia juego con su lápiz labial, que era del mismo color. A primera vista me llamó la atención lo que parecían ser varios tatuajes en su brazo derecho. Sobresalía uno que decía simplemente “87” cercano al hombro. En su oído derecho llevaba algo que parecía ser un enorme audífono redondo, que tapaba toda la oreja y completamente plano. Su mirada estaba clavada hacia delante, observando el suelo, mientras yo me encontraba hacia su derecha. Al aproximarme, noté que su mano izquierda jugaba con la punta de sus cabellos, como pensando o esperando por algo… o por alguien. Era una escena mística, digna de retratar por un gran pintor.

            Ahora sonaba otra conocida canción de los ochentas que decía:

“Don’t you want me, baby?

Don’t you want me, oh?

Don’t you want me, baby?

Don’t you want me, oh?…”

            Esta chica tenía algo diferente, yo me sentía admirado no tanto por su belleza, sino por la incógnita y el misterio. Era evidente que ella ya había notado mi llegada, pero en ningún momento atinó a observarme, ni se mostraba sorprendida o intrigada. Yo seguí caminando hacia ella, y cuando estuve a un par de metros de distancia noté algo que me dejo frio: el brazo derecho de la chica, que desde lejos parecía normal, estaba hecho desde el codo hasta los dedos de un material parecido al aluminio o la plata y en el rostro, en el mentón cerca de la boca, parecía tener algo semejante a un dispositivo tecnológico, algo así como un microchip.  Al analizarla, lentamente empecé a notar ciertos indicios semejantes en otras partes del cuerpo, como si tuviera injertos electrónicos o cibernéticos en su organismo. Pero a pesar de ello, su atractivo y su porte erótico seguían estando presentes.

    Súbitamente, y sin levantar la mirada del suelo, ella me preguntó:

— ¿eres de una colonia, extranjero?

            Yo quedé estupefacto. ¿Colonia?, ¿a qué se refería?, quizás, ¿a una colonia terrestre en otro planeta, o algo por el estilo?…y ella al notar mi contrariedad, habló de nuevo:

            — No hay problema. Necesitas discreción. Puedo con eso. —

Alguna otra cosa más me iba a decir, cuando la interrumpí:

— ¿cómo te llamas?, ¿Por qué te gusta la música del siglo XX?

            — Soy B87, y me gusta todo lo del siglo XX, porque en aquel entonces aún había algo de libertad. —

            Al decir esto, por vez primera dirigió su mirada hacia mí y pude ver dos ojos negros oscuros radiantes, pero a la vez algo tristes.

— ¿Qué vienes a buscar?, ¿Qué quieres hacer?—me preguntó.

— Digamos que, soy muy curioso…como un niño explorador

— Ohhh…ya veo, con que te gustan los juegos, ehh (sonrió)

En ese momento no entendí a que se refería con esa frase. Pero no le di mayor importancia y le pregunté:

— ¿Exactamente, dónde estoy?, y ¿Qué fecha es hoy? (le pregunté para confirmar que estaba en las coordenadas correctas).

Con extrañeza, ella me respondió:

— Lindo, estamos en Punta del Este, y hoy es viernes, 12 de julio de 2211.

            Luego de contestar mi pregunta, se aproximó y colocó sus fríos dedos “metálicos” en mi rostro, lo cual me puso la piel de gallina. Ella se dio cuenta, e inmediatamente la temperatura de su mano se elevó. Me besó, y por mi mente paso la duda sobre si era humano aquel ser que tenía entre mis brazos.

           Poco a poco tal duda me dejó de importar, ya que si unos labios y un par de pechos se sienten como labios y como pechos, uno como hombre es capaz de asumir que son los labios y pechos más naturales que existen sin preguntar.

            Todo lo demás transcurrió como puede transcurrir cualquier encuentro amatorio entre dos individuos.

            A la mañana siguiente, desperté abrazado a ella. La observé en silencio, y bajo la luz del día, me di cuenta de que aquel ser estaba a medio camino entre una mujer de carne y hueso y una computadora. Su cuerpo era de apariencia humana y se sentía como tal, pero aunque disfruté del momento, noté algo en ella extremadamente frío y calculador, carente de emoción, carente de placer.

      Me preguntaba cómo habían podido suceder estos acontecimientos. Yo no debía involucrarme con los seres de esta época de ninguna forma. Solamente debía ser un observador, un fantasma. Para esto vine y esta era misión: Inspeccionar la Sudamérica del siglo XXIII. Soy un crononauta.

            Pero tampoco dejo de ser totalmente humano y susceptible a estos fallos.

Ya era hora de retornar. Sin hacer ruido, me puse de pie, me vestí y caminé hacia un lugar abierto para activar el transporte al siglo XXI. Cuando recibí la aprobación para irme, un último pensamiento me invadió:

“No sé qué me vio ella…creo que he tenido suerte…”

            Pero justo cuando me disponía a activar el transporte a mi época, sentí como los dedos fríos de B87 hacían contacto con mi cuello desde atrás, lo cual hizo que me bajara un escalofrío por la espalda. Me di vuelta y mientras me abrazaba me dijo:

— ¿qué haces?, No quiero pensar que te vas sin pagar mis honorarios…—

             Allí estaba mi respuesta. La mujer cyborg con quien pase una gran noche en aquel año de 2211…era una prostituta.

FIN.

*Imágen tomada de Internet*

*¡Como cuesta acomodar los márgenes y las sangrías en WordPress!…*

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6 comentarios sobre “Profesiones Interesantes (Cuento)

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