Pleyadianos (Las Pléyades).jpgCuando abrí los ojos estaba acostado sobre una cama bastante cómoda y suave. Una bata blanca me cubría desde el cuello hasta los pies, y una potente luz iluminaba todo el lugar, pero no fui capaz de discernir exactamente donde se ubicaba. Yo, a pesar de estar totalmente consciente y despierto, no sentí nervios o miedo en ningún momento en aquel sitio desconocido. De repente, se abre una puerta que apareció como de la nada, y unos “individuos” totalmente cubiertos por sus ropas de diferentes tonos desde la cabeza hasta los pies entraron a la habitación.

            Uno de ellos se acerca, y abre la palma de su mano derecha. La colocó sobre mi cabeza, a la altura de la frente, pero sin llegar a tocar mi piel. Fue como si ese ser “leyera” mi mente, mis pensamientos y todos mis recuerdos. Pero al contrario de lo que se pueda pensar, esto me hizo sentir bien y reconfortado, como nunca antes. Inclusive, me atrevería a decir que si todo hubiera seguido así, no me hubiera importado quedarme en ese lugar.  Terminada esta labor, el individuo que me analizaba se quitó el velo de su cabeza. Era una mujer de ojos verdes, cabello rubio y un tono de piel bastante claro. Muy hermosa. Seguidamente los demás hicieron lo mismo. Pude ver a otras cinco “personas”, tres hombres y dos mujeres más, de los que no puedo decir que fueran humanos pero sí que tenían un gran parecido. En su conjunto eran altos, de ojos claros y de físicos prominentes.

            Esta “chica” que me analizaba empezó a mover su mano por diferentes zonas de mi cuerpo, realizando lo que yo llamaría un escaneo, sin necesidad de tocarme y a unos centímetros por encima de la ropa que me habían puesto. Probablemente, esta era su forma de estudiar mi anatomía sin necesidad de utilizar maquinas. Duraba bastante rato en cada parte, había empezado desde la frente, siguió con los ojos, la nariz, la boca, las orejas, el cuello, llegó al pecho, siguió con el brazo izquierdo y lo analizó desde el hombro pasando por el codo, el antebrazo, la muñeca, la palma de la mano y los dedos uno por uno.

            Seguidamente repitió el procedimiento con el brazo derecho, y volvió al pecho, para bajar hacia el abdomen en donde estuvo gran cantidad de tiempo… no sabría decir cuánto porque no creo que allí el tiempo se mida de la misma forma en que estamos acostumbrados. Cada vez que su mano se movía de un sector a otro de mi cuerpo, me sentía más relajado y un gran bienestar se apodero de mí. Era una enorme satisfacción como la que se siente al recibir un masaje pero multiplicado por 10. Estando yo algo así como ebrio no tuve más remedio que cerrar los ojos y dejarme hacer.

            La mano de la hermosa joven cada vez llegaba más abajo. Pero aun sin tocarme. ¿Qué sucederá cuando llegue a mi entrepierna?… un pensamiento inevitable.

            Fue cuando sucedió…escuché como abrió la tela de los pantalones que ellos mismos me habían puesto y sentí el contacto de una mano con mi piel, cerca del ombligo. ¡Ohh si, por fin me ha tocado, sigue así!… esa mano continuó con el movimiento despacio y calmadamente y el éxtasis llegó cuando por fin manoseo mis genitales. Abducido por una nave espacial para que una hermosa chica con un cuerpo fuera de este mundo me manosee los huevos… este estaba siendo el mejor día de mi vida. Esa mano recorrió mi sistema reproductor con gran maestría.

            Y como castillo de naipes que se cae a la acción del viento o un mal movimiento, mi gozo se fue al carajo cuando abrí los ojos y vi que quien tocaba mis pelotas era uno de los tipos que también había entrado a la habitación. La chica le había cedido su lugar, todo mientras yo tenía los ojos cerrados. Ella me observaba desde una distancia considerable con una mueca casi de burla en su hermoso rostro. Y el sujeto que me “estudiaba” parecía estar muy entretenido con su labor.

            Mi ira e indignación fueron salvajes, y como una fiera me levanté de la camilla y empuje al sujeto contra los demás.

            — Déjenme salir de aquí, tengo libre albedrío, no pueden retenerme contra mi voluntad, cerdos asquerosos— les exigí.

El tipo se puso de pie, abrió la palma de su mano, y expulsó un rayo de luz que me hizo perder el conocimiento.

            Desperté acostado a la orilla de una desolada carretera en un lugar en el que nunca había estado antes. Mi esposa dice que estuve dos días desaparecido. Hace ya casi cuatro años de esta experiencia. Pocos días antes de este suceso, los médicos me dijeron que no sería capaz de concebir. Y hoy tengo una hija de tres años.

FIN

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