Mi nombre es Carlos Calguieri, soy dueño de un pequeño y viejo hotel aquí en Piedades, una remota localidad al sur de Mendoza, Argentina. Un día recibí, por parte de su autor; los escritos que a continuación presentaré. Disculpen mi ortografía, no soy alguien letrado, solo sé laborar y servir. Quiero dar fe de que todo lo manifestado aquí es real y yo mismo soy testigo de los fenómenos paranormales que son narrados. El detective Lenier, era un hombre íntegro, se hospedó en mi hotel durante sus últimos días y tuve la oportunidad de conocer su forma de ser y proceder. Honesto e inteligente, cuando llegó, fue la esperanza para esclarecer lo que sucedía en nuestro pueblo, que por lo lejano ha sido olvidado hasta por el diablo.

            Ese día, si no me equivoco, el pasado martes 28 de febrero, del presente año 1899, el detective Lenier se apareció en la recepción de mi hotel y me entregó un paquete. Todo su cuerpo desde la cabeza hasta los pies estaba cubierto de negro, y utilizaba un sombrero. Me dijo que yo le parecía un hombre digno de su confianza y que por eso me entregaba su historia. Yo le pregunté: ¿y por qué lo hace?, ¿Por qué está completamente vestido de negro?… pero no respondió, y lo que hizo fue salir del hotel, y a vista y paciencia de toda la gente que se aglomeraba en la plaza, bajo el calor del medio día, empezó a desvestirse, se quitó la gabardina, se quitó el sombrero, se quitó los zapatos, y así hasta quedar completamente desnudo… ¿y a este que carajo le pasa? Fue lo que paso por mi mente…hasta aquí todo parecía un acto de exhibicionismo, pero el señor Lenier comenzó a gritar y su piel se comenzó a caer a pedazos, así como lo digo, su piel y su carne se desgarraban poco a poco, parecía que los rayos del sol le afectaban, su dolor y su sufrimiento eran tremendos, y ante tan espantoso espectáculo, la gente huía despavorida y asustada mientras algunos otros gozaban con aquello.

            El hombre se derretía ante el calor del sol, alguien intentó echarle agua, lo cual empeoró las cosas porque el Sr Lenier gritó con mayor desespero. El cura llegó corriendo desde la iglesia y le quiso hacer un exorcismo, pero solamente le produjo más dolor, y cada vez que el cura le ordenaba a satanás que abandonasen el cuerpo de aquel hombre, un espantoso grito desgarrador salía de su garganta. Transcurridos unos diez o quince trágicos minutos, el señor Lenier se convirtió en polvo…de su ser solo quedó una montañita de algo parecido a tierra, que con el paso del viento se fue mezclando con la tierra del suelo. Y así, de su existencia solo quedó como constancia sus ropas y la libreta que me entregó. Yo a nadie le conté sobre ella. Ese mismo día, me encerré en un cuarto y leí completo el cuaderno del señor Lenier. Así entendí lo que le había sucedido. ¡Y a esa vieja maldita que lo convirtió en monstruo, y que mató a muchos chicos, juro que en una gran caravana iremos todos a matarla!… Ahora, aquí está la historia que el señor Lenier escribió en su cuaderno:

LIBRETA DE APUNTES DEL DETECTIVE LENIER.

Lunes, 13 de febrero de 1899

            En otoño, durante el mes de Octubre es su cumpleaños. Mis investigaciones indican que esta joven —la principal sospechosa— es alguien de hábitos estrictamente nocturnos. No se sabe mucho sobre ella, algunos la han visto salir a pie a altas horas de la noche para perderse en los bosques aledaños. Los lugareños afirman que ese bosque está maldito y nadie se atreve a entrar en él. Además de que nadie desea toparse con algún cadáver.

            Esta investigación comenzó hace tres años, cuando unos niños curiosos hallaron el primer cuerpo. Al llegar la policía y hacer un rastreo de la zona se encontraron otros tres, al paso del tiempo se han llegado a encontrar hasta veinte y se sospecha que hay más. Las pesquisas realizadas hasta el momento han sido infructuosas. Este caso es intrigante, y por eso lo solicité. De la mayoría de cadáveres solamente se hallaron sus osamentas. Los más recientemente asesinados aparecen con profundas heridas en el cuello, y presentan una gran pérdida de sangre, cercana al 90%, como si algo o alguien los desangrara por completo. No se han encontrado rastros de ningún tipo, ni huellas dactilares.

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            La investigación está en un punto muerto. Los vecinos dicen no saber nada y no colaboran demasiado. Las víctimas eran hombres jóvenes vecinos del lugar. Es por ello que mucha gente ha emigrado de Piedades. El agente que estuvo a cargo de la investigación antes de mí, interrogó a la sospechosa y luego de eso, sorpresivamente renunció a su cargo y al departamento de policía. A esta mujer, los lugareños le temen y los niños le llaman “bruja maldita”. Un hombre que entrevisté ayer me dijo que ayudó a la joven a instalarse en su casa, el día que llegó al pueblo. Esto fue hace cuatro años. (Un año antes de que se descubrieran los primeros cadáveres). La describió como alguien sumamente discreta y silenciosa, que iba vestida completamente de negro hasta los tobillos y cubría su cabeza con un velo. Dice que ella le pagó el doble de lo acordado por el traslado a la casa, y cuando le dijo que no era necesario el pago adicional, ella le respondió: “hoy es mi cumpleaños, estoy de buen humor”.

Viernes 17 de Febrero de 1899

            En mis interrogatorios, los lugareños me indican que la sospechosa ha sido vista internándose en el bosque durante las últimas cinco o seis noches. Hay quienes afirman que siempre lo hace. Pero algo ha llamado mi atención: las poquísimas personas que dicen haberla visto salir de día, afirman que lo hizo con el cuerpo completamente cubierto, inclusive el rostro y la cabeza, sin dejar un solo centímetro de piel al descubierto; y aquellos que la han visto salir de noche—la gran mayoría— afirman que la han visto con un vestido negro muy elegante, pero sin tapar las piernas, la cabeza ni los brazos. Se podría decir que hasta normal. Este detalle puede parecer insignificante, pero intuyó que será de utilidad. Aún estoy en el proceso de entrevistas y análisis pero ya me encuentro convencido de que la chica tiene algo que ver en estos crímenes.

            Me pregunto… ¿Cómo podría alguien como ella asesinar a tantos jóvenes sin dejar rastro?, ¿por qué solo jóvenes?, ¿con que los mata?, los análisis no fueron capaces de determinar el arma homicida. La causa de muerte siempre fue la rápida y repentina pérdida de sangre. Entonces, ¿Cómo extrae la sangre?, y la pregunta más intrigante: ¿Por qué el asesino gusta de desangrar a la víctima?…

            Otra posibilidad es que todo esto sea obra de una banda de asesinos muy bien organizada, e inclusive que estemos ante la presencia de rituales satánicos, pero tampoco soy proclive a aceptar estas teorías, porque en mi experiencia tanto las bandas de asesinos como los grupos satánicos operan distinto a lo que tenemos aquí.

Domingo 19 de Febrero de 1899

            Entre ayer y hoy interrogué a los familiares de las víctimas que han podido ser reconocidas, y parece ser que ninguno tenía problemas personales ni deudas. No encuentro nada que motive sus muertes. Todos eran hombres jóvenes entre los 20 y los 35 años de edad, saludables y decentes. Sea quien sea que está haciendo esto, lo hace aparentemente por placer. No creo estar omitiendo nada. La próxima semana será clave, ya que ahora si dirigiré toda mi atención a la principal sospechosa.

Jueves 23 de Febrero de 1899

            Nunca creí que terminaría escribiendo en esta bitácora una cosa semejante a la que he vivido. Pero es tan increíble como real, y por eso, más que nunca, debo dejar constancia por si algo llega a sucederme. El lunes por la mañana, me llegó la noticia de que habían localizado el cuerpo de alguien muerto hace poco en las inmediaciones del pueblo, con las típicas heridas en la yugular. Quienes lo encontraron dijeron haber visto, como casi siempre, a la “mujer de negro” rondando por el bosque la noche anterior. Inmediatamente tomé mi caballo y me dirigí hacia la propiedad de la sospechosa. Algunos lugareños me advirtieron que desistiera de tal idea, pues varios que intentaron lo mismo nunca volvieron al pueblo.

            La residencia de la mujer de negro está a unos cinco minutos a todo galope desde el centro del pueblo. Se encuentra rodeada por muchos árboles de hojas secas y los cuervos son los únicos seres vivientes que se acercan. Un viejo y enorme portón de hierro cierra el paso a unos veinte metros de la casa. Para mi sorpresa, estaban los candados abiertos. Al abrir, escuché el agudo y molesto ruido del roce entre los hierros. Estando en la propiedad, sentí que existía un gran peligro en aquel ambiente, tuve ganas de renunciar, pero estoy dispuesto a tener éxito donde otros han fracasado así que controlé mis emociones y caminé hasta la puerta. Esta construcción, más que una casa, tenía la apariencia de una antigua y olvidada iglesia. La enorme y pesada puerta principal parecía tener varias décadas sin abrirse. Las ventanas estaban cerradas y unas espesas cortinas negras impedían el paso de luz hacia dentro. Puse mi puño sobre la madera y al tocar con fuerza, noté que la puerta se abrió ligeramente; estaba sin seguro, al igual que el portón. Con el corazón en la garganta, grité con todas mis fuerzas:

            — ¡Hola!—

Pero no obtuve respuesta.

            Entonces, apostando todo a una sola carta, empujé con todas mis fuerzas la pesada puerta y cuando los rayos del sol iluminaron los adentros de la casa, fui testigo de la más grande muestra del paso del tiempo. Todo, absolutamente todo en aquella estancia estaba cubierto por telas de araña y polvo. Yo mismo quedé cubierto de polvo que me cayó encima al abrir la puerta. Sobre una mesa me pareció ver lo que alguna vez fue la cena de alguien. Había platos y cubiertos para cuatro personas y servida en ellos una vieja y asquerosa pasta negra llena de moho y polvo. Pegadas a la pared izquierda unas decadentes y casi destruidas escaleras llevaban a un segundo piso. El techo parecía estar cayéndose a pedazos y sobre el piso, un antiguo candelabro tenía quien sabe cuántos años de haberse despegado.       De repente entró una ráfaga de viento y levantó algo de polvo, lo cual hizo que se desatara una peste tan asquerosa como mil nidos de ratas juntos. Inmediatamente, más por una reacción de rechazo al pestilente aroma que por miedo, salí de la casa. Me di unos minutos para toser e inhalar aire, cuando divisé junto al portón a Anastasia, la llamada “bruja” y “mujer de negro”, estaba allí con su atuendo de día, tapada desde la cabeza hasta los pies, y con un velo que no dejaba ver su rostro. El pánico se apoderó de mí. ¿En qué momento llegó allí?, ¿de dónde habrá salido?…

            Empezó a caminar hacia mí, lentamente y sin prisa alguna… yo estaba inmóvil, como poseído por alguna fuerza que no me dejó mover ni un dedo, y al llegar, me susurró al oído:

            — La entrada no es por aquí…—

            Seguidamente, se dio vuelta y caminando hacia un costado de la casa, me dio a entender que la siguiera. ¡Qué maravilla para mis oídos fue escuchar aquella maravillosa voz! La más seductora y delicada que conozco…

            Caminé unos pasos detrás de ella hasta llegar a una puerta mucho más pequeña y discreta que daba entrada a otra construcción ubicada detrás de la casa principal. Debido a esto, era imposible divisarla desde el portón de entrada a la propiedad. Esta segunda casa, igualmente tenía todas las ventanas cerradas y cubiertas por gruesas cortinas negras. Anastasia sacó las llaves, abrió la puerta y sorpresivamente se dirigió a mí de la siguiente forma:

            — Por favor, pase adelante, detective Lenier —

            ¿Cómo sabia mi nombre?… entré con algo de desconfianza. Ella paso tras de mí y cerró la puerta. Todo quedó en absoluta oscuridad. Yo estaba bastante tenso y muchas cosas pasaban por mi cabeza. Cuando ella me “confeso” lo siguiente:

            — disculpará usted la oscuridad, detective, pero padezco una enfermedad de la piel que me impide mantener contacto directo con la luz del sol, e inclusive también me afectan luces artificiales. Es por eso que aún de día evito que entre la luz a la casa, y solamente me ilumino con esta débil lámpara de queroseno —

            Y seguidamente encendió la lámpara de la que hablaba. La colocó sobre una repisa alta en la pared. La luz era bastante débil, apenas como para tener una leve noción de donde estábamos, pero fue suficiente para darme cuenta de que estaba quitándose el velo de la cabeza. Al terminar de hacerlo, quede admirado por los hermosos rasgos de aquel rostro juvenil y de mirada profunda. Aún con tan poca luminosidad, capté que escondía un rostro muy hermoso. ¿Quién en el pueblo podría imaginarse semejante sorpresa?… todo el mundo daba por un hecho de que la “bruja” era fea y vieja. Yo no pensaba así necesariamente, pero verla tan bella me sorprendió.

            Hice un esfuerzo por salir de mi estado de sorpresa y le pregunté:

            — ¿es por su enfermedad, entonces que siempre sale totalmente cubierta?,     ¿y por ello siempre evita hacerlo de día? —

            — Sí, señor Lenier. Exacto. —

Y agregó:

            — Ahora, dígame, ¿en qué puedo serle útil?—

            Yo me sentí algo más tranquilo después de la explicación que me estaba dando. Así que empecé a indagar:

            — Supongo que ya se habrá dado cuenta usted de que estoy investigando la cadena de asesinatos que se han venido dando en Piedades…cuénteme, ¿ha escuchado o visto algo sospechoso que talvez pueda ser de utilidad a la investigación?—

            — Señor Lenier, soy una mujer que vive sola y recluida por su enfermedad, nunca recibo visitas de nadie, no tengo familia, y resulta que cuando por fin viene a mi casa un hombre atractivo e inteligente, solamente desea hablar de crímenes sangrientos… ¿no le parece algo triste e injusto mi existir? —

            Mientras me decía esto, noté algo parecido a un desconcertante brillo en sus ojos, y se aproximó hacia mí, tanto que pude oler su aroma a rosas. Y como si no tuviera poder sobre mis actos y poseído por la misma fuerza extraña que sentí desde que la vi, mis labios se encontraron con los de ella, hundiéndonos en un enérgico beso. De repente, caí en cuenta de lo que estaba pasando, y la separé de mí.

            — ¡Oh detective, no se resista, sé que le parezco atractiva! — me dijo con una mueca divertida en su rostro. Y por segunda vez, capté con aún más potencia ese brillo en sus ojos, el cual me hizo perder todo raciocinio, y caí entregado a una lujuria y al desenfreno que no experimentaba desde mi temprana juventud. Sin pensarlo me abalancé sobre ella, haciéndola mía contra la pared, uniendo mis caderas con las suyas y pasando boca y lengua por todo su rostro, para luego arrancarle el vestido de un solo movimiento bestial, dejando sus pechos a mi total disposición.

            Ella clavó sus uñas en mi espalda, caímos y nos revolcamos por el suelo, chocando contra sillas y mesas mientras íbamos quitándonos la ropa. Fue una lucha de poder, queríamos disponer el uno del otro de manera salvaje e impaciente. Mis manos luchaban por dominarla y con mis piernas luché para abrir las suyas. En algún momento ella se escapó de mi control y se apoderó de mí, me sodomizó. Sin poder (y sin querer) resistirme, me mostró sus más bajos instintos. Se sació y me sació…no sé cuánto tiempo transcurrió, fue un intenso ir y venir, inevitable como las olas del mar, ella sobre mí y yo sobre ella… en los instantes en que mi humana capacidad llegaba a su límite, de alguna forma nacía en mí, una fuerza renovada, que me devolvía la energía con que había empezado todo.

            Desperté exhausto, desnudo y desorientado. Sentí la respiración y la boca de Anastasia cerca de mi cuello, me dio un suave beso en la mejilla y en mi oído derecho me dijo:

            — Por tu bien, ya no busques más, vuelve a la ciudad, no deseo hacerte daño…—

            Observé como se difuminó su silueta en la oscuridad, y haciendo un gran esfuerzo me levanté y me vestí. Al abrir la puerta, pensé que la luz del día me cegaría, pero para mi sorpresa la noche reinaba sobre el horizonte. No encontré a mi caballo donde lo dejé y me vi obligado a caminar hasta el pueblo. Y como si esto fuera poco, grande fue el impacto cuando al llegar al hotel, me dijeron que eran las diez de la noche, de hoy, jueves 23 de febrero. No podía creerlo, para mí, habían pasado si acaso tres o cuatro horas.

Viernes 24 de Febrero de 1899

            El día de hoy me quedé en mi habitación recuperándome. He tomado las horas de sueño pérdidas, y descubrí que tengo el cuerpo lleno de heridas y golpes, como si hubiera peleado para salvar mi vida. En la espalda tengo profundas marcas hechas por las uñas de aquella inagotable mujer. Ya no sé qué pensar. No es como las demás, no es normal, tiene mucha experiencia para la edad que aparenta. Recuerdo la advertencia que me hizo. Mi instinto de supervivencia me dice que debería irme, pero ese algo por lo cual me convertí en detective, me pide, me exige a gritos que llegué hasta el final, pase lo que pase. Y para ello, debo volver a verla. Debo desentrañar sus misterios. Debo entender sus motivos, debo entender su proceder, debo enfrentarme a su mirada hipnótica. Ya estoy convencido de que ella es la asesina.

Lunes 27 de Febrero de 1899

            Siento que despierto de un sueño eterno… como si hubiera estado siempre dormido. Como si todo lo anteriormente vivido ya no significara nada y como si mi existencia hubiera sido en vano. A pesar de todo, creo que fue un acierto el no haber hecho caso a la advertencia de Anastasia. Ha sido esta mi última investigación, porque dejaré de existir.

            Anoche, al ser las 22:00 decidí ir a la casa de Anastasia. No entré, no me acerqué siquiera. Si mis sospechas eran ciertas, saldría por una nueva víctima. Justo como lo predije, al ser pasada la media noche, la vi desde mi escondite internarse en la oscuridad del bosque, sin ninguna iluminación, y sin tapar su cabeza. Esperé a que se adelantara una distancia prudencial, y sin más ayuda que la poderosa luz de la luna llena, caminé tras ella. Me costó localizarla, pero noté que seguía caminando y cada vez incrementaba la velocidad. Llegamos hasta un viejo y alto árbol frente al cual me pareció ver algo parecido a un altar, o una mesa. Ella se detuvo y puso sus manos sobre él. Yo sudaba copiosamente y estaba a punto de retirarme del lugar, cuando el sonido de un búho en una rama de un árbol cercano me asustó y perdí el equilibrio cayendo al suelo. Inmediatamente ella se percató del espía.

            Me puse de pie y dudé si seguir con toda esta locura o huir. Pero antes de tomar una decisión cualquiera, caí, una vez más en el hechizo de sus ojos, que desde la distancia se tornaron rojos y fui incapaz de moverme. Mi pánico fue total. Empecé a rezar en mi mente e invoqué a los ángeles como en mi niñez. En un abrir y cerrar de ojos, ella estaba frente a mí, y sádicamente pasó su lengua por mi mejilla, mientras me decía:

            — En verdad, que no deseaba hacerte mal…pero ya que quieres saber quién soy, te daré la vida eterna —

            Y seguidamente me clavo sus dientes en el cuello sin ninguna contemplación. Me succionó algo de sangre, solo un poco, pero yo sentía que la vida se me iba en cada gota de sangre que ella saco de mí. Cuando estuvo satisfecha, me soltó y desde el suelo vi como aquel angelical rostro adquiría una apariencia satánica al mancharse con mi sangre. Poco a poco perdí el conocimiento.

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            Al abrirse nuevamente mis ojos, me sentí como si no fuera yo…es difícil de explicar, sentí que había muerto, pero ahora me sentía mucho más fuerte física y mentalmente. Me vi tirado en un rincón de la casa de Anastasia, envuelto en la oscuridad, pero a pesar de ello podía ver con claridad. Ella estaba observándome desde el otro lado de la habitación. Me dolían la boca y los ojos. Noté que me habían crecido dos enormes colmillos.

            — ¿Dónde estoy?, ¿Qué paso?— pregunté con dificultad, estaba muy débil.

            — Bienvenido. Ahora eres uno como yo. Espero me acompañes en mi  soledad — me respondió Anastasia.

            Se aproximó y me analizó.

            —La transformación salió bien.

            — ¿Qué transformación?

            — Eres como yo ahora, vivirás eternamente y tu alimento será la sangre de los seres vivos, ¿Por qué es tan difícil de entender?, ¿nunca te paso por la mente que yo mato para sobrevivir?, me gusta la sangre de hombres jóvenes, me divierte seducirlos y luego alimentarme de ellos… —

            — ¿me hablas de vampiros?, ¿dices que ahora soy un vampiro?

            — Efectivamente, mi querido, la gente nos llama vampiros… has resuelto el misterio; a costa de tu propia alma, pero lo lograste…

            Muy a pesar de todo lo sucedido, yo no podía creer semejante cosa, y tomé en burla aquellas declaraciones. Una sonrisa incrédula se dibujó en mi rostro, y tal reacción hizo enojar a Anastasia, que me dijo:

            — Aún no crees…pues te demostraré.

            Y repentinamente abrió la cortina más cercana a mí, dejando pasar toda la claridad del día. En una reacción automática, cuando sentí la luz sobre mi ser, huí de ella espantado por el dolor y me refugie en el rincón más oscuro de la habitación. De mi piel brotaban unas pequeñas ampollas, que me producían un dolor profundo e intenso. Estaba muy alterado y en estado de negación, cuando ella vino hacia mí y como una madre comprensiva y cuidadosa me explicó:

            — Mi querido, mira lo que le ha hecho la luz del sol a tu piel… ahora debes estar siempre alejado de ella. Si sales de día debes cubrirte todo el cuerpo. ¿Ahora empiezas a creer?…Cayó unos instantes y continuó:

            — Ya no eres humano, ya ni siquiera estas vivo, te he dado la libertad, eres un ser eterno, nadie podrá hacerte daño, mírame a mí que desde hace siglos    ando entre los vivos alimentándome de su sangre, y gracias a ello conservo mi belleza y mi salud. Todos los crímenes que investigas, fui yo quien los cometió. Mi hambre me hace querer sangre cada cierto tiempo, y me establecí aquí en la Argentina, alimentándome en diversos lugares desde hace muchos años. Esta noche, iremos a alimentarnos juntos por primera vez…créeme que haré todo lo que sea para complacerte y seré completamente tuya hasta el final del mundo…

            Dicho esto me abrazo y me beso. Caí rendido ante la evidencia, y así aceptando mi nueva condición, la abracé también.

            Al caer la noche, me dirigí a mi habitación en el hotel y recogí mi cuaderno de apuntes, este mismo donde he venido relatando estos acontecimientos en orden más o menos cronológico. Anastasia desea salir a alimentarnos. Le pedí algo de tiempo para hacer estas últimas anotaciones. Y digo últimas porque he tomado una drástica decisión. Mañana al medio día, dejaré de existir, porque siento que estoy carente de alma. He luchado contra el crimen desde que nací, mi padre también fue detective, y no deseo pasar al otro lado del juego. Si mi sobrevivencia depende de tomar vidas ajenas, entonces no deseo vivir. Creo que no podré evadir el hecho de que esta noche mataré a alguien, y si así lo hiciere, le suplicó a dios y a la sociedad, que me perdonen…

            Dejaré este cuaderno bajo el seguro cuidado de alguien honesto para que mi historia perdure y se cuente, además de que conste que entregué hasta lo más valioso que tenía para resolver el misterio…

FIN

Este año me ha costado encontrar tiempo para escribir, pero ha sido por buenos motivos. Este cuento es la continuación de “Anastasia” el cual publique hace casi un año por si lo quieren leer.

Saludos a todos. 

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