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I

            Llámenme Wayne Evans, este es el seudónimo con el cual ocultaré mi identidad. Soy un agente del MI6 que desea contar algunas cosas interesantes. El creer o no en la veracidad de este relato, lo dejo a consideración del lector. Solamente narraré los hechos tal y como han sucedido, y enviaré a publicar mi relato en algunas páginas web respetables para que pueda ser leído en todo el mundo. Puedo hacer tal cosa porque tengo los contactos necesarios. Ahora, se preguntará el lector, ¿por qué poner en riesgo mi carrera y hasta mi propia vida filtrando información clasificada dentro de una de las agencias de espionaje más respetadas del mundo?, bueno pues lo hago porque yo no creía en los casos inexplicables. Y ahora que viví en carne propia el desengaño y muchas de mis firmes creencias se vinieron abajo, me parece que es válido y justificable correr el riesgo.

            Además, ya no soy joven y no quiero irme sin antes contar un poco de mis experiencias personales. Yo, al igual que muchos colegas nunca me casé, dediqué mi vida al servicio y aunque tengo varias proezas en mi haber, nunca he recibido ni recibiré ningún reconocimiento público por mi labor. Somos conscientes de esta realidad desde que empezamos en el trabajo. Sé que parece una vida solitaria, pero en verdad puedo decir que la he disfrutado.

            Hace unos meses, se me encomendó atender un caso fuera del ámbito político. Recibí una comunicación directa, sin intermediación de ningún tipo. La naturaleza de la investigación requería a alguien con las características de mi personalidad, me dijeron. Se me entregó la dirección de un hotel en el centro de Londres, el número de una habitación y el nombre de un sujeto al cual tenían retenido y bajo vigilancia policial. Debía ir allá, interrogar al sujeto, y luego determinar si su historia podría ser cierta. Solamente eso me dijeron. ¿Qué cosa increíble o peligrosa tendrá para contar este sujeto, tanto así que fue retenido? El caso parecía demasiado sencillo como para haber sido asignado desde el nivel más alto de autoridad. Eso estimulo mi interés.

            Miré el reloj, era medio día de aquel miércoles.

II

            Al llegar al hotel, consulté por la habitación en cuestión, e inmediatamente el encargado me llevó a ella. Dos policías hacían guardia afuera. Me identifiqué y me permitieron el paso. Adentro, estaba sentado en una simple silla de madera un hombre calvo, estatura de 1,80 m y de unos 80kg de peso. El rasgo más característico era su bigote extraño, largo y bien cuidado. Me recibió con una mirada profunda y desesperada. Era evidente que estaba molesto por tener varias horas de reclusión.

            Me presente, me senté frente a él y encendí un cigarrillo. El hombre rechazó mi oferta de fumar. Sin preguntar qué idioma hablaba, comencé el interrogatorio:

            — Sr. Lobots, tengo información de que hoy temprano lo han traído aquí desde el aeropuerto de la ciudad de Londres… ¿sería tan amable de explicarme el porqué de esta situación?

            El hombre profundizó su mirada de indignación y me explicó lo siguiente, en inglés, pero con un acento muy extraño:

            — Como habrá notado usted, Sr. Evans, estoy muy molesto con las autoridades Inglesas. No sé cuál es el objetivo de hacerme víctima de este inmaduro e inhumano juego. Es mi primera vez en este país, y téngalo por seguro que será la última.

            — Comprendo su molestia por haber sido recluido en esta habitación durante toda la mañana pero, Sr. Lobots algo debió haber hecho usted para que tal cosa suceda…las autoridades aeroportuarias no acostumbran detener pasajeros sin tener alguna sospecha. No hay ningún juego ni ninguna broma…

            Empecé a creer que este hombre era una especie de mula del narcotráfico, pero no podía ser, ya que a estos casos se les da un tratamiento distinto. El sujeto, respondió:

            — ¿Entonces, no sabe usted porque estoy aquí?, pues yo esperaba que usted me lo dijera, no he cometido delito alguno, y todos mis papeles están en regla…estoy siendo víctima de una broma de pésimo gusto o alguna confusión… Esta situación podría ser el detonante para un problema inclusive a nivel diplomático entre nuestros países. En el aeropuerto me dijeron una aberración… me dijeron que mi país no existe. ¿Puede creer tal cosa?, mire, le mostraré mis papeles, ¿quiere verlos?, aquí está mi pasaporte…No me diga que usted tampoco ha escuchado jamás de la República de Averama.

            El Sr. Lobots me lanzó el documento con rabia. Y para mi sorpresa en la portada venia impreso un escudo nacional que nunca había visto antes y bajo el, escrito el nombre de: AVERAMA REPUBLIKAAS.

            ¿República de Averama?, nunca antes había escuchado tal país. Revisé el documento y me pareció legítimo. Tenía sellos y firmas de aduanas de otros países. Mi confusión era máxima. Pasé a interrogar al hombre:

            — Así que usted procede de la República de Averama. ¿Es eso cierto?

            — Si. Soy ciudadano Averaniense. Como podrá ver, he estado en otros países por cuestiones de negocios. Y en ningún otro lugar me ha pasado lo mismo que aquí. Soy representante de artistas y vine a Londres para reunirme con el grupo musical Slange…puesto que tienen interés en que yo los represente. Pero hoy por la mañana me llevé la sorpresa de que al pasar por aduanas, los funcionarios me salieron con la estupidez de que no conocen mi país…Pero, eso no fue todo, sino que resulta que tampoco tienen cultura musical, ya que según ellos no existe ningún grupo metalero llamado Slange… Al principio les seguí la corriente porque pensé que se trataba de alguna broma, pero poco a poco empezaron a llegar más funcionarios de rango superior e igualmente, ninguno reconoció ni a mi país ni a la banda musical a la que he venido a representar…No tengo ni idea de a qué se debe esta falta de respeto hacia mi persona. Luego, unos hombres misteriosos me trajeron aquí y he estado bajo vigilancia, sin  ninguna comunicación, sin internet ni teléfono y casi sin comer. Me quitaron mi documento de identidad y mis maletas. Solo me dejaron el pasaporte. Me dijeron que pronto vendría alguien a hacerme unas preguntas y ese alguien supongo que es usted.

            Ante semejantes afirmaciones, yo quedé estupefacto. Un país llamado Averama, una banda de heavy metal llamada Slange…nunca había escuchado tales cosas. Pero si sabía quiénes eran los hombres misteriosos que este hombre mencionaba, y si ellos podían corroborar la versión del ciudadano de Averama, entonces estaría ante uno de los casos más intrigantes de toda mi carrera. Simulando tranquilidad, le dije al señor Lobots que debía hacer una llamada y salí un momento de la habitación. Los dos policías seguían allí. Les pregunté si sabían el motivo de la vigilancia sobre el sujeto y me dijeron que no, solamente seguían órdenes. Me alejé un poco hacia el final del pasillo y llamé a uno de los hombres que trasladaron al “viajero” desde el aeropuerto hasta el hotel.

III

            El colega al otro lado de la línea, me confirmó la historia narrada por el Sr. Lobots, este hombre declaraba ser nativo de un país que no existe y que venía a hacer negocios con una banda de rock que tampoco existe. Y sus papeles confirmaban tales afirmaciones, puesto que en sus maletas y billetera se encontró dinero en dólares, euros y otra moneda desconocida. Se encontró también los contratos que pensaba firmar en Londres con sus nuevos clientes, y sus documentos de identidad decían haber sido emitidos en Averama.

            Como el Señor Lobots me reclamó por no tener comida y yo mismo ya estaba hambriento, solicité un servicio a la habitación con algunos buenos platillos para el almuerzo. Luego decidí hacer una prueba interesante: solicité un mapa del globo terráqueo lo más grande posible y un marcador. Al recibirlos, le pedí al señor Lobots que me indicara, encerrando en un círculo donde estaba su país en el mapa. El hombre me miró con decepción, y respondió:

            — Lo haré, pero empiezo a hartarme de toda esta situación.

            Cuando el hombre extendió el mapa sobre la mesa se sorprendió. Buscó en el atlántico, entre Sudamérica y África alguna especie de isla o continente no representado y exclamó con ira:

            — Aquí no está Averama, ¡Maldita sea!

            Le pedí explicaciones más detalladas, ¿dónde se supone que debería estar?, le pregunté. Con el marcador encerró en un círculo no muy grande, un espacio vacío ubicado en el océano. — ¡Aquí debería estar mi país! — me gritó furioso.

            El Sr Lobots, estaba histérico. Se sentó en un rincón de la habitación y pateó el suelo. Me miró al rostro y me dijo:

            — Agente Evans, le suplico, por favor dígame la verdad, ¿Qué es lo que está pasando?…

            Ante su suplica, no me quedo más remedio que ser sincero con él:

            — Sr. Lobots, créame que estoy en búsqueda de la explicación más adecuada, pero no tenemos registro de la existencia de un país llamado Averama, y tampoco tenemos prueba de que exista una banda de rock en el Reino Unido conocida como Slange… en el aeropuerto, al ver su pasaporte, su identificación y el contenido de su maleta, los funcionarios no hallaron explicación convincente para su procedencia. Pensará usted que esto es una broma, pero no existe motivo para tal cosa. Además, con todo respeto, su acento es muy extraño, nunca había escuchado nada igual, no habla usted el inglés como un norteamericano, ni como un hispano, ni como un asiático, ni como un francés, o algún otro europeo… Créame que de verdad todo esto me empieza a intrigar tanto o más que a usted mismo.

            El señor Lobots empezó a llorar mientras rezaba en un idioma extraño, muy extraño. Me pareció reconocer algo parecido a portugués o español, pero definitivamente no era ninguno de estos dos. (Soy poliglota, hablo varios idiomas).

            Le di espacio para que se calmara un poco. Ahora, lo que tenía en mente era realizarle un análisis psicológico y someterlo al detector de mentiras. Pero viendo las reacciones de aquel hombre, me pareció que decía la verdad.

IV

            Para este entonces, ya eran las dos de la tarde. Solicité que viniera la psicóloga del departamento, y le expliqué la situación de aquel hombre para que llevará a cabo un análisis de su personalidad y someterlo al polígrafo. Además le solicité que le ayudara a tranquilizarse un poco. Mientras tanto, fui al aeropuerto a investigar. Conversé con el jefe de seguridad y me confirmó todo lo sucedido. Me mostró las maletas de aquel hombre y pude comprobar por mí mismo los billetes de una unidad monetaria desconocida. (Aunque a simple vista tienen parecido con los dólares). El señor Lobots llegó en un vuelo procedente de Suecia, y su nombre no aparecía en las listas de pasajeros de ninguno de los dos aeropuertos. El jefe de seguridad estaba igual de confundido e intrigado que yo, quiso sacarme más información pero no se la di, y pese a su negativa, tomé las pertenencias del señor Lobots y volví al hotel.

            La psicóloga ya había terminado los estudios. Es una profesional de mi total confianza y respeto, sus perfiles psicológicos siempre son exactos. Me confirmó lo que yo temía: en su opinión, el viajero del país inexistente, decía la verdad. La prueba del polígrafo lo determino así, y su perfil era el de alguien sin tendencia a la mentira ni al engaño. Francamente estaba convencida de que la historia era real, y que la mente de aquel hombre estaba sana. Y para terminar de rematar, recibí una llamada de la central en donde se me confirmaba que su nombre completo no aparecía en ninguna base de datos; en otras palabras, este hombre no estaba registrado como ciudadano de ningún país del mundo. Llegué a un punto en que no sabía que más hacer, y en un intento por hallar una pista, o algo que estuviera omitiendo decidí consultarle algunos datos acerca de la Republica de Averama.

            —Señor Lobots, cuénteme un poco acerca de su país, generalidades, idioma, extensión territorial, población, capital, ubicación geográfica…

            El hombre, con los ojos perdidos y con un evidente decaimiento, tardó unos instantes en responder:

            — Averama es una isla ubicada en el océano atlántico, con una extensión territorial de unos 110.300 km2, la población del país de unos once millones de habitantes, el idioma oficial es el Euker, y la capital es la ciudad de Efruz… no sé qué más quieren que les diga.

            La psicóloga y yo nos dirigimos una mirada de incredulidad. Le pregunté de nuevo:

            — Cuénteme más, ¿cuál es el deporte nacional?, ¿la fecha de independencia?

            — Mi país fue la primera república independiente del mundo. Nos sentimos orgullosos por ello. Debido a la ocupación por parte de ingleses, españoles y portugueses nuestra historia estuvo llena de guerra y gloria a la vez. Por ello los Averanienses somos verdaderos guerreros en todo lo que hacemos, además de que recientes estudios arqueológicos confirman que Averama es el último remanente de que lo que alguna vez fue el gran imperio Atlante. Mi país se destaca en prácticamente todos los deportes, pero como en el resto del mundo, el preferido es el fútbol, en la última copa mundial llegamos hasta las semifinales…Pero, usted me va decir que nada de esto ha sucedido, y que mi país no existe…

            El señor Lobots se encontraba en un estado de estrés muy alto. La psicóloga me lo señalo. Por lo cual en una decisión compartida decidimos no continuar los interrogatorios, y pedimos indicaciones superiores sobre que debíamos hacer con él. Llamé al mando superior y expliqué lo sucedido. Mi papel era determinar si la historia de aquel hombre podría tener alguna veracidad. Y según todo lo que sabemos de historia mundial, geografía y ciencia nada de eso podía ser posible, pero las pruebas que aportaba decían otra cosa.

            Como próxima instrucción se me pidió que durmiera en el hotel esa noche para vigilar al sujeto y al día siguiente sería enviado un transporte por él. (Nunca supe adonde sería trasladado, son decisiones que vienen de “arriba”).

            Pedí la habitación aledaña, y solicité a la estación de policía un reemplazo para los policías que estaban haciendo guardia desde la mañana. Le informé al señor Lobots como estaban las cosas, y dediqué el resto del día a redactar mi informe sobre la situación, mientras el señor Lobots observaba televisión y quedaba boquiabierto ante nombres de países desconocidos (para él) y ante el hecho de que aún no exista la cura para el sida. A eso de las nueve de la noche, luego de la cena, la psicóloga ya se había retirado, y el señor Lobots se había quedado dormido sentado frente al televisor. Lo apagué, salí y cerré la puerta con llave. Yo fui el último que tuvo contacto directo con él. Hablé con los policías y me dijeron que a la media noche vendrían otros dos para relevarlos. De esta forma, el Averaniense estaría vigilado toda la noche y bajo llave. La única salida de la habitación era la puerta frontal, ya que nos encontrábamos en un quinto piso, y las ventanas estaban cerradas.

            Esa noche me costó conciliar el sueño. Pensando en la oscuridad de mi habitación, analicé una vez más todo lo ocurrido y tuve esa sensación de que el hombre del bigote extraño, decía la verdad… pero ¿cómo?

V

            Lo que aconteció al día siguiente, es algo que aún me atormenta y será así hasta que deje este mundo.

            A las siete en punto, me dirigí a la habitación del señor Lobots, efectivamente dos nuevos policías estaban vigilando y me reconocieron al instante. Abrí la puerta esperando ver al hombre, ya sea dormido en el sillón, en la cama o despierto. Pero lo primero que noté fue que en una pared de la habitación, estaba escrito (con el marcador que yo pedí antes), una frase: “Limin, faser mini et numgra wea puvalots, tre cont et miser buens tosts. Ewkaz. Limin get buth klipt cillesen. Lobots Mr.”.

            Y el hombre de Averama no se divisaba en el cuarto.

            Lo busqué en el baño y no estaba. Me empecé a desesperar, revisé bajo la cama, detrás de las cortinas, inclusive revisé si había escapado por el techo, pero nada de nada… interrogué a los policías pero no reportaron haber escuchado ruidos durante la noche, se incorporaron a la búsqueda y luego de literalmente voltear la habitación, no dimos con él. Sencillamente, se había esfumado. Di alerta y rápidamente el propio hotel fue cerrado y se inició una búsqueda por todo el edificio. Se estableció un perímetro de búsqueda en los alrededores e igualmente, no dimos nunca con el paradero del hombre de Averama. Sus pertenencias también habían desaparecido. Durante quince días estuvo un equipo especial de la policía londinense trabajando en su búsqueda. En algún momento algunos se atrevieron a mencionarme como sospechoso, pero juró que las cosas sucedieron tal como las estoy narrando y además, aunque no habían cámaras de seguridad en las habitaciones del hotel, las que si habían en los pasillos mostraron que efectivamente, nadie abrió la habitación después de que yo me fui.

            He intentado traducir el mensaje que encontré en la pared, pero ningún experto en lenguas en el mundo ha entendido el idioma en que fue escrito. Es un hecho que fue escrito en Euker, el lenguaje de Averama, por el Sr Lobots como una forma de —si fuera posible—hacer más grande aún su propio misterio. Espero que algún día, alguien sea capaz de traducir el mensaje, y espero que el Sr Lobots, haya retornado a su país, ya sea este real o imaginario.

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7 comentarios sobre “La república de Averama (cuento)

  1. Ahhhhhhh!!! ME ENCANTO!!! Genial, Gustavo. Voy a contarte algo… Hay muchos mapas en los que Puerto Rico no aparece. En una ocasión que fui a Egipto invitada por una familia, estaba tratando de explicarle a los niños de 15 y 12 años en dónde quedaba la isla. Para entonces, 1998, no había computador en la casa que fui, que era en un pueblo llamado Menuf o algo así. La cosa es que me trajeron un mapa en el que se veía claramente la República Dominicana, Cuba y las Islas Vírgenes, pero no se veía Puerto Rico. Entonces, le señalé el punto en el mar en dónde se suponía que estaba Puerto Rico… Ay!!! Cómo me he sentido retratada con la frustración de tu personaje… Genial, genial!!!

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      1. Bueno, Puerto Rico ahora para ser un mundo paralelo… Desde la explosión en la planta eléctrica no han podido arreglar el problema de la luz que va y viene. Sin hablar de la bancarrota en que está la isla. Es un mundo surreal.

        Le gusta a 1 persona

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