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Llegados a cierta edad, se le asigna una ocupación según sus capacidades y personalidad a cada habitante del planeta Joom. En este planeta que se encuentra a 7 años luz de la Tierra, la gente puede vivir hasta los 700 años de edad, crecen con mucha más lentitud que los terrícolas, y utilizan mucho más tiempo para el ocio y el estudio. Resulta que a Gabriel ya le tocaba escoger a que quería dedicarse. Había una amplia gama de ocupaciones que podría escoger. Se suponía que para el día de su cumpleaños ya debía tener seleccionada su función, pero mi amigo era algo relajado y despreocupado. A pesar de que sus familiares le presentaron varias opciones, a él nada parecía agradarle. Hasta que ya no tuvo más tiempo para pensar.

Esa mañana, la de su cumpleaños 121, llegó a su casa el encargado de darle una ocupación. En ese planeta todos estudian y trabajan a la vez. No existen los vagabundos, ni hay quien muestre negligencia. Cuando se le consultó a Gabriel que deseaba hacer, no supo que responder. Ya se le había advertido que si no escogía, alguien más lo haría por él y probablemente se le asignaría una labor que nadie deseaba realizar. El encargado intentó ser paciente y le preguntó por segunda vez, a lo que el desinteresado joven solamente dijo:

—No quiero hacer nada. —

Tal muestra de indiferencia y rebeldía no era algo común en Joom. Muy pocos jóvenes mostraban estas actitudes. Por ello, asombrado y molesto, el agente asignador de labores, enfurecido y decepcionado le dijo:

—Explorarás un planeta que te hará valorar lo que tienes—.

Se levantó de su asiento y a pesar de los ruegos y las súplicas de los padres de Gabriel, el asignador de labores se fue de la casa sin cambiar de opinión.

¿Explorador, yo?…no suena tan mal… pensó para sus adentros Gabriel, quien ya había asumido que lo enviarían a realizar trabajos pesados a una huerta o a operar el transporte público.

Cuatro días después de la visita del asignador de labores, se le dio a Gabriel la información de su asignación. Un mensajero fue a la casa y le entregó el informe. Sus padres y su hermana fueron corriendo a saciar su curiosidad. El joven no quiso leer. Su madre tomó la carta y empezó la lectura en voz alta justo en la parte importante, saltando el preámbulo:

“Se le asigna, en vista de su personalidad, sus calificaciones y las consideraciones de sus profesores, la función de explorador en el planeta…”

Hasta aquí fue capaz de leer la madre de Gabriel, quien al reconocer el nombre del planeta al que iría su hijo, rompió en llanto y entró en un ataque de pánico. Y no fue para menos, ya que la palabra siguiente era nada más y nada menos que Tierra.

El hecho de ser explorador no era para nada un problema, ya que la civilización de Joom desde hacía mucho tiempo dominaba la más perfecta tecnología para desplazarse por el espacio, y tenían la misión de ir a otros mundos y estudiarlos. Ser explorador era una profesión de prestigio. Se seleccionaban cuidadosamente cuales planetas merecían la pena ser visitados. Pero muchos de ellos tenían condiciones que hacían la vida muy difícil y los exploradores intentaban evadirlos. Este era el caso de la Tierra, ya que su reputación era bastante mala en Joom. Siempre se había querido enviar a alguien a explorarla, pero nadie aceptaba, y por su mala actitud, Gabriel se convirtió en el candidato perfecto.

Se sabía que era un planeta habitado, pero era evidente que su civilización estaba muy atrás en su desarrollo científico, tecnológico y espiritual. Lo llamativo de la Tierra y el motivo por el cual los Joomnianos deseaban conocerlo, fue porque su genética era compatible con la de los terrícolas, y en Joom estaban teniendo problemas en este aspecto. En otras palabras, la población de su planeta era tan homogénea que empezaban a tener problemas para reproducirse. Esto a causa también a diversos experimentos genéticos que se habían llevado a cabo en el pasado remoto de Joom.

Contaba la leyenda de que hace una incontable cantidad de tiempo atrás, el primer Joomnita que visitó la Tierra jamás regresó, y que sus habitantes, a pesar de ser humanos también eran salvajes sedientos de sangre y caníbales. Que había bestias carnívoras que podían vivir tanto en el cielo como en el suelo y en mar. Y que las condiciones geográficas del planeta eran tan extremas que le hacían un lugar terrible para vivir, que se pasaba del calor infernal al frio extremo en muy poca distancia. Se entenderá ahora porque lloró la madre de Gabriel cuando supo que su hijo tenía que ir a este lugar.

Pero contrariamente a su madre, él se alegró por su destino y no intentó siquiera revocar la decisión, puesto que una simple disculpa al asignador de labores hubiera bastado para enviarlo a un planeta mejor. Podría decirse que para los estándares de Joom, Gabriel era todo un rebelde. Inteligente, curioso, y sereno pero con un alma libre, no le gustaba seguir órdenes ni reglamentos de los cuales su mundo estaba lleno, al igual que la Tierra.

De nada sirvieron los ruegos de su familia, las súplicas de sus amigos ni los consejos de sus profesores… el día fijado Gabriel se levantó temprano y sin desayunar subió a la nave. Su madre le preparó algo para el camino.

El viaje desde Joom a la Tierra tardaba dieciséis años Joomnianos, y tenía la posibilidad de dormir durante todo el viaje en una cámara especial para ello, pero Gabriel decidió permanecer despierto. Aguantó en soledad los primeros 2 años hasta que se quedó aburrido y sin nada que hacer. Además no quería seguir escuchando a sus parientes que aún le imploraban que diera marcha atrás, puesto que seguía la posibilidad de conversar con los encargados para darle otra cosa que hacer. Se metió en la cámara de hibernación y la programó para abrirse faltando 6 meses Joomnianos para llegar a la Tierra.

Tanta curiosidad tenia Gabriel por saber cómo sería la Tierra, que soñó con su superficie: imaginó un planeta lleno de campos verdes de hermosa vegetación de colores y aromas paradisiacos matizados por atardeceres espectaculares con celajes capaces de quitar el aliento a cualquier ser. Todo ese tiempo dormido fue para Gabriel lo mismo que una noche, y cuando la cámara de hibernación se abrió estando ya tan cerca de la Tierra, se sorprendió de lo rápido que pasa el tiempo y lo relativo que puede ser.

Salió el joven de la cámara, y lo primero que vio por la ventana fue aquella pelota azul redonda flotando ya tan cerca, y a su lado algo desconocido e inesperado: un cuerpo de una masa considerable que parecía orbitar alrededor de la Tierra. Esta fue la primera sorpresa de la misión: la Luna, el satélite terrestre era desconocido en Joom, y por ello Gabriel se comunicó a su planeta para dar a conocer esta noticia. Tomó fotografías y videos, analizó y trazó un mapa de toda la superficie lunar, calculó su órbita, su densidad y su masa. Los datos desconcertaron a Gabriel, quien sabía de astronomía y no encontró explicación posible para explicar cómo la Tierra logro capturar gravitacionalmente un cuerpo tan grande como la Luna. Envió la información a Joom, y allá le solicitaron que hiciera los cálculos otra vez por la misma razón. Pero Gabriel no lo hizo.

Seguidamente, Gabriel revisó los mensajes que le habían dejado mientras dormía. Fueron más de 15.000. Casi el 80% eran de su madre. La llamó y estuvo gran rato conversando con ella, también con su padre y su hermana.

Lo siguiente que debía hacer era analizar las características básicas de la Tierra y enviar los datos a Joom. Con la computadora tomó un escaneo completo del planeta y trazó mapas y planos de toda su geografía. Para su sorpresa vio que una gran cantidad de la superficie del planeta estaba cubierta de agua, lo cual ya era de su conocimiento, pero nunca pensó que fuera tanta. Era muchísima más de la que tenían en Joom. Le sorprendió también la constante actividad volcánica y telúrica del planeta que igualmente era muy superior a su mundo. Y como si esto fuera poco también analizó la atmósfera terrestre notando su sana composición química y que el oxígeno que contenía era también mayor que en Joom. Luego se dio cuenta de que la temperatura promedio era de 14,47 grados centígrados y que la gran mayoría del planeta mantenía temperaturas aptas para vivir, cosa totalmente contraria en Joom, ya que su planeta estaba acoplado por marea a su estrella y siempre mostraba la misma cara hacia ella estando permanentemente bajo un extremo calor en un día eterno con temperaturas insoportables, mientras que la otra cara estaba totalmente privada de luz solar provocando así una noche perpetua, con temperaturas extremadamente bajas que no hacían posible vivir allí. En Joom la zona realmente habitable era el punto intermedio entre las caras del planeta, donde existe una tarde eterna, una zona con temperaturas aceptables que se extiende de polo a polo por el centro del planeta. Y tal situación limitaba muchísimo la cantidad de tierras y de agua que podían ser aprovechables por los habitantes del planeta. Ante tal evidencia, Gabriel cayó en una especie de éxtasis científico y repasó una y otra vez los datos obtenidos, ya que no daba crédito al hecho de que la Tierra fuera un mundo con características tan sobresalientes.

El encontrar una zona del planeta para aterrizar fue algo que se le complicó a Gabriel, básicamente, porque contaba con una enorme cantidad de lugares donde podía hacerlo. Pudo aterrizar en el mar, en tierra, o en el cráter de un volcán sin problemas; pero considerando que estaba ansioso por contactar y mezclarse con los humanos, buscó alguna zona densamente poblada. Con la computadora hizo un escaneo del planeta buscando estructuras artificiales, como los edificios en las ciudades, y otra sorpresa se llevó cuando notó que prácticamente en todo el planeta a excepción de los polos y los océanos existían ciudades. Esto lo llevó a calcular la cantidad de habitantes del planeta: Casi 7000 millones, y eso sin contar otras formas de vida, solamente humanos. En Joom, la población de todo el planeta no superaba los 500 millones. ¿Cómo es posible que sean tantos?…se sorprendió Gabriel por la alta tasa de natalidad de la Tierra.

Finalmente, y luego de no pocas dudas, Gabriel escogió descender a pleno día en medio de un parque en la Ciudad de México. Puso su nave en modo invisible para no ser reconocido, y no llegó hasta la altura del suelo, sino que la ubicó a unos quince metros de altura. Dentro de los objetivos de su misión, estaba estudiar a profundidad el comportamiento humano, sus motivaciones y aspiraciones.

Estuvo Gabriel largo rato estudiando los atuendos de muchos terrícolas para usar una vestimenta que pasara desapercibida, pero detectó tantos estilos y formas diferentes de vestir que al final quedo aún más confundido que cuando empezó el análisis, y por ello decidió en última instancia imitar el traje de etiqueta que utilizaban algunos hombres de negocios, y con una máquina diseñada a tal efecto, fabricó una réplica a su medida. Luego hizo una última revisión a la atmósfera solo por precaución y así fue como se dio cuenta de que una gran variedad de gases tóxicos como el monóxido de carbono contaminaban el aire de aquella ciudad. Las mediciones que hizo a gran altura parecían normales, pero ahora se dio cuenta de que literalmente, el aire de aquel lugar estaba totalmente contaminado y sucio al límite de lo humanamente soportable, tanto que consideró por un instante la posibilidad de cambiar de zona para aterrizar. Pero su curiosidad pudo más y decidió descender para investigar por sí mismo que era lo que producía las altas concentraciones de estos gases tóxicos en la zona.

Encontró un gran árbol cercano que le sirvió para camuflar su descenso. Dejó la nave flotando sobre él  y estando invisible descendió al suelo bajando por el árbol (Gabriel me contó que en Joom gustaba de subir y bajar árboles como aquel). Con precaución se fue tornando visible poco a poco y salió bajo la sombra del árbol. El gran ruido de la ciudad, la gran cantidad de luz, además del calor de medio día fueron fuertes impactos para él que nunca había experimentado estas condiciones, y por ello sintió un mareo y cayó al suelo. Retornó a la sombra y poco a poco fue recomponiéndose. Ahora se había dado cuenta de que en la Tierra también padecemos de contaminación sonora, la cual se produce por el alto nivel de ruido que emanan las industrias y los automóviles. Cuando se sintió mejor adaptado, caminó con calma unos metros hasta el borde de la carretera y observó una gran cantidad de personas y de vehículos que iban y venían en una carrera desenfrenada y que no parecía tener sentido. Escuchó los pitos de los vehículos y los gritos de los vendedores ambulantes y de pronto una patrulla de policía y una ambulancia pasaron cerca sonando sus alarmas a todo volumen lo que hizo que Gabriel sintiera un pánico que nunca había experimentado, sintió como si algo muy grave pudiera sucederle en cualquier momento. Cerró los ojos y se tapó los oídos con las manos esperando que toda esa locura se detuviera. Pero pasó un largo rato y seguía esperando…

De repente notó que algunas personas a su alrededor le observaban extrañados y se dio cuenta de que lo mejor era tratar de comportarse como ellos. Hizo un gran esfuerzo por tranquilizarse y por fin empezó a comprender que todo ese ruido era cosa común en la Tierra. Caminó un poco más y por curiosidad se acercó a un grupo de vehículos que arrancaron cuando la luz del semáforo cambio a verde, y repentinamente se vio sumergido en una enorme nube negra que le causó tos, ardor y lágrimas en los ojos, además de desorientación. Gabriel corrió desesperadamente hacia adelante, tratando de encontrar algo de aire limpio, creyó que en cualquier momento iba morir allí mismo fulminado por el humo tóxico. De tal forma que terminó interponiéndose al tránsito, e inevitablemente un automóvil lo atropelló. El golpe lo empujó varios metros hacia adelante y chocó contra el suelo perdiendo la consciencia.

Cuando despertó varias horas después, estaba en una cama de hospital, con varios golpes en la cabeza, los brazos y piernas. Además del impacto principal que fue cerca de la cadera. Unas enfermeras conversaban cerca de él y le preguntaron algunas cosas en español, un idioma totalmente desconocido para él en aquel entonces. Se quedó dormido otra vez y despertó hasta el día siguiente.

Se dio cuenta de que ya no vestía con su traje, y que en cambio ahora llevaba una bata verde. Varios doctores y enfermeras le rodeaban y lo analizaban con curiosidad ya que las heridas que presentaba habían sanado y no tenía ninguna evidencia del accidente. Lo que no sabían los médicos era que los Joomnianos tienen la capacidad de curarse de sus heridas más rápido que los terrícolas. Suerte que el dispositivo para hacerse invisible era un manométrico microchip implantado en la palma de la mano izquierda de Gabriel, quien esperó hasta la noche cuando solamente un guarda de seguridad lo vigilaba y se volvió invisible para poder salir del hospital.

Cuando estuvo afuera y vio que era de noche sintió miedo, ya que nunca había estado en un entorno tan oscuro y le costaba muchísimo ver. Aparte de eso, ahora se enfrentaba a nuevos problemas: no tenía idea donde estaba, ni tampoco como llegar a su nave, no hablaba el idioma, y como si fuera poco le empezó a dar hambre. Ante esta necesidad, pensó que en algún lugar debería existir un comedor o uno de esos lugares donde se almacenaba la comida como en Joom, así que empezó a caminar con tal de encontrar alguno. No muy lejos del hospital observó un establecimiento decorado llamativamente con rojo y amarillo, dentro del cual habían muchas personas comiendo. Entró detrás de alguien más y notó lo concurrido del establecimiento. Estudió a los presentes y vio a un hombre obeso sentado cerca de la puerta quien estaba por empezar a comer; de repente se puso de pie y dejó sola su comida. Por necesidad, Gabriel tomó la bandeja con la comida de aquel hombre y salió huyendo del local. Una mujer gritó de espanto cuando vio que la bandeja se movía sola.

Se escondió detrás de unos arbustos para comer. No tenía idea de que era aquella cosa extraña circular con una especie de vegetación verde en medio y algo más que no supo que era carne (de haberlo sabido no la hubiera comido). También tenía un paquete con unos palillos amarillos de textura suave y un aroma interesante. Hubiera deseado tener a mano un analizador para conocer de que estaba compuesto todo aquello. Tenía tanta hambre que no se percató del sabor de la comida, aunque luego me confesó que nunca más volvió a entrar a uno de esos lugares.

Un poco más repuesto, se fue a buscar donde pasar la noche. Entró en una tienda de ropa donde había un cómodo sillón vacío. Disimuladamente, se sentó en él y pasada una media hora las mujeres encargadas cerraron el lugar dejándolo adentro. Cuando notó que estaban por irse, quiso salir, pero pensó que tampoco era mala idea pasar allí la noche pues podía dormir en el sillón y todo parecía indicar que las mujeres abrirían luego el local.

Por la mañana, salió de la tienda y una de las dependientas juró que el sillón se movía solo.

Ahora se enfrentaba al problema de encontrar su nave. Como la había dejado sobre un árbol, buscó a su alrededor el edificio más alto y subió hasta la cima, con tal de buscarlo desde allí. Tuvo que evadir gente, esperar que los demás abrieran las puertas por él, y perderse varias veces, para llegar hasta el último piso donde observó la panorámica de la Ciudad de México desde un amplio ventanal y notó sobre el horizonte una tenue neblina oscura. (Es bueno recordar que todo esto sucedió mientras Gabriel tenia activada la invisibilidad). Luego de un pormenorizado análisis observó a varias cuadras un conjunto de árboles dentro de los cuales podría estar el que buscaba. Trazo un mapa mental y bajó corriendo para llegar hasta allá.

La estrategia fue suficiente para llegar hasta su nave, pero no dejó de sorprenderle la gran cantidad de basura que observó dispersa por muchas partes y lo sucias que estaban algunas calles. Luego de la experiencia anterior tenía más cuidado con los vehículos, a los que identificó como los mayores responsables por la contaminación del aire. Se sorprendió de que los terrícolas siguieran usando una tecnología tan precaria como el motor de combustión interna, ya que era de sobra conocida por la contaminación que genera y lo poco eficiente que es… Ojalá en Joom tuviéramos unas condiciones tan buenas como las de la Tierra, ustedes las tienen y no las valoran…me decía a veces Gabriel.

Cuando estuvo frente a la nave, está lo reconoció y automáticamente descendió lo suficiente para que él subiera a bordo. Lo primero que hizo fue descontaminarse de tanta impureza que absorbió. Entró a lo que se podría llamar el baño de la nave, se quitó la bata de hospital que aún andaba y con una máquina para tal fin bebió y roció sobre si un producto para desinfectarse. Inmediatamente, de sus poros empezó a brotar un líquido negro y pegajoso que limpio su organismo de tantas cosas toxicas que respiró y comió.

No quería seguir por más tiempo en aquel sitio, por lo cual decidió buscar otra zona de la Tierra con condiciones más favorables. Así que comió algo de lo que tenía en la nave, comida propia de Joom, que le supo mejor que nunca y luego redactó un informe con todo lo vivido que envió a su planeta para luego esperar órdenes.

Cuando la información llego a Joom, los analistas se mostraron extremadamente sorprendidos tanto por las características de la Tierra, como por el hecho de que los humanos mostraban características autodestructivas y le pidieron a Gabriel que buscara en otras zonas para determinar si estas actitudes eran generalizadas o se trataba solo un comportamiento local.

Lo que hizo entonces Gabriel fue poner a la computadora a buscar otras áreas de la Tierra que presentaran altos niveles de contaminación atmosférica. Pasados unos minutos, la computadora le presentó un mapa donde se representaba con diferentes escalas de color el nivel de contaminación en todo el planeta y terminó repitiendo varias veces el ejercicio, ya que no podía creer que estuviera tan contaminado. La mayor contaminación estaba en las áreas más densamente pobladas. Simplemente no le cabía en la cabeza a Gabriel como una civilización podía vivir de semejante forma… Envió esta información a su planeta y la reacción fue idéntica. Lo siguiente que le solicitaron fue que analizara la masa de agua de la Tierra. Para cumplir con esto se dirigió Gabriel hasta el océano pacifico, y allí desde gran altura y a mar abierto, realizó un escaneo de una porción considerable de mar, maravillándose tanto de la gran cantidad de creaturas marinas que lo habitaban, como de la enorme cantidad de basura y cuerpos extraños que encontró en las aguas. Continuó Gabriel con el análisis en un trayecto más o menos recto hasta llegar al sureste asiático, luego subió hasta llegar a la China continental, en donde se encontró una contaminación sin precedentes tanto en el mar como en el aire. Fue tanto el asombro que decidió descender sobre aquel país para observar por sí mismo el fenómeno. Escogió un área densamente poblada, y aunque allí ya era de noche, observó que muchos ríos se habían convertido en vertederos de basura, lugares en donde se reunía toda la inmundicia y la podredumbre que jamás hubiera imaginado ver en su vida.

Dentro de sí, Gabriel tenía toda una serie de sentimientos encontrados. Sentía rabia, dolor y tristeza de encontrarse con un planeta tan bien equipado para vivir, pero tan maltratado y desvalorizado por sus habitantes. Si tan solo ellos supieran los muchos problemas que en su mundo tuvieron que pasar para encontrar las pocas fuentes de agua que tenían, y ni se diga de las dificultades para distribuirla y usarla de forma justa y responsable, y aquí en Tierra, tienen tanta agua que la desperdician y la contaminan asquerosamente… Los resultados que hasta ahora estaba obteniendo Gabriel en sus estudios eran desalentadores. Sus superiores le dijeron que ya era suficiente, y que si quería podía regresar, pero el eligió quedarse más tiempo, y aquí es donde entró yo.

Un día mientras trabajaba con mi padre en el campo, vi que una nave de considerable tamaño, de un tono verde claro bajaba del cielo y noté como se escondía detrás de los árboles en el medio del bosque a una distancia relativamente cercana. Yo ni idea tenia de que la vida en otros mundos podía existir y la verdad no me asusté ni interrumpí mi trabajo. Ese mismo día, antes de dormir le conté a mi padre lo sucedido y el únicamente sonrió y me dio una palmada en la cabeza como feliz de tener una hija con aquella imaginación. A la mañana siguiente me levanté aún más temprano de lo normal, y con la compañía de mi perro fui a buscar la nave. Me interné en el bosque a pesar de que mi padre me lo había prohibido. No fue difícil llegar. Mi perro fue quien la encontró, yo simplemente lo seguí, y vi como un hombre joven de piel clara y cabellos rubios se asomó por la ventana. Al observarme, aquel individuo, al que yo llamé Gabriel no sabía qué hacer. Largo rato estuvimos allí nada más observándonos uno al otro, hasta que caí en cuenta de que mis padres podrían estar buscándome y me fui.

Al día siguiente sucedió todo igual. Y al siguiente, y al siguiente. Esta fue nuestra rutina normal durante varios años mientras yo era solamente una niña en edad escolar. Visitaba siempre a la misma hora y todos los días a mi amigo de la nave verde. Unos meses después le conté a un amigo cercano sobre el hombre que vivía en una nave en el bosque, y se unió a mis visitas diarias. De esta forma transcurrieron los años, y cuando ya era una adolescente de 15 años y luego de haber guardado el secreto por tanto tiempo, por fin hablé con él. Para ese tiempo ya no iba con tanta frecuencia a visitar a Gabriel puesto que me cansé de esperar a que saliera de la nave, pero aquella vez fui a verlo poco antes del atardecer, y estaba afuera, sentado sobre una roca. No sé si estuviera esperándome, creo que sí. Me sorprendió verlo con una chaqueta de cuero y unos pantalones de mezclilla, ya que cuando estaba dentro de la nave utilizaba un traje completamente blanco. Me observó y me hizo un gesto para que me acercara.

Ese día me contó quien era y de donde venía. Me dijo su verdadero nombre, pero yo nunca fui capaz de pronunciarlo correctamente así que quedamos en que le llamaría simplemente Gabriel. Me dijo además que nunca me había hablado porque estaba esperando el momento en que tuviera más edad y más preparación para escuchar todo lo que me tenía que decir y que durante los últimos años había estado viajando constantemente por muchos lugares del mundo conociendo las costumbres y las formas de vida en la Tierra, además de que ya había aprendido a hablar en varios idiomas. Me dijo también que le gustaba la gran variedad de atuendos que utilizamos en la tierra porque en Joom todos vestían muy parecido y la música heavy metal.

Cada vez que hacia un viaje, regresaba al mismo bosque donde yo lo había conocido ya que según me dijo, esa zona exacta era el lugar más parecido a Joom en toda la Tierra.

Y así empecé poco a poco a conocer cada vez más a aquel hombre de otro mundo, tanto como para hablar aquí de lo que pudo haber sentido en aquellos primeros días en nuestro mundo. Se me viene a la mente como se preocupaba por la naturaleza y la salud del planeta. En sus estudios resultaba que cada día la situación de la madre Tierra empeoraba. Me narraba con tristeza como en muchos países la ambición desmedida trae muerte y destrucción tanto al hombre como del medio ambiente. Y me decía que todo aquello que parece sobrarnos aquí, en su planeta era escaso y me hablaba de las guerras en otros rincones del universo por los recursos que aquí tenemos y que no sabemos apreciar ni cuidar.

Cuando regresaba de alguno de sus viajes, me traía algún regalo desde algún país del mundo que yo muchas veces ni sabía que existía y me contaba más cosas sobre Joom y sobre su vida allá. Así fue hasta que cumplí los 20 años de edad, cuando en uno de nuestros encuentros, Gabriel me dijo que ya había concluido sus estudios en la Tierra y que en su planeta lo estaba esperando su familia, en especial su madre a quien tenía tanto de no ver. Era curioso como en los cinco años de conocernos, yo había crecido y madurado mientras él seguía estando prácticamente igual que cuando lo vi por primera vez.

Ese mismo día se fue. Pero antes me pidió un último favor, que escribiera algo acerca de él y que tratara en base a su experiencia de hacer ver a la gente de la Tierra, o por lo menos a todos aquellos a mi alcance que vivimos en un planeta vivo y que nos da todo lo que necesitamos, que sufre y que está enfermo por nuestra forma de vida desordenada y destructiva. A él no se le permitió intervenir de forma directa ni variar los acontecimientos que ocurren en el planeta, pero ideó que yo escribiera esta pequeña historia para que su experiencia contribuya a que el ser humano por fin encuentre ese equilibrio con la madre Tierra, con la Pachamama tal como a él le gustaba llamarle.

FIN

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8 comentarios sobre “Explorando la Tierra (Cuento)

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